06
La silla vacía de Manchita en el jardín
perdida mascotaEn el jardín de Quelina había una piedra redonda y suave, justo al lado de las flores amarillas. Allí siempre estaba Manchita, su pequeña rana de lunares blancos, tomando el sol por las mañanas.
Pero esa mañana, la piedra estaba sola.
Quelina se sentó frente a ella sin decir nada. Solo la miró. Manchita ya no estaba, y eso dolía en un lugar muy adentro del pecho, un lugar que Quelina no sabía muy bien cómo nombrar.

“El cuento continúa… 🌙”
¿Quieres escuchar el final con tu hijo esta noche? Hay 227 cuentos más esperándolos.
⭐ 4.9 · 500 familias ya duermen mejor
🐢 Prueba 7 días gratisYa tengo cuenta — entrarSin tarjeta · Cancela cuando quieras · Acceso a 228 cuentos
—¿Por qué lloras? —preguntó una voz suave.
Era Mara, la mariposa, que había llegado volando entre las flores con sus alas de color naranja.
—Manchita se fue —dijo Quelina en voz baja—. Ya no va a estar aquí. Y yo no sé qué hacer con su piedra.
Mara se posó despacio sobre la piedra redonda y la miró con ternura.
—Cuéntame algo de ella —dijo.
Quelina parpadeó. Nadie le había pedido eso todavía.
—Le gustaba el sol de la mañana —comenzó Quelina, con la voz temblorosa—. Y cuando llovía, saltaba tres veces seguidas, como si estuviera bailando. A veces yo la observaba desde aquí y me daban ganas de reír.
Mara sonrió.
✨—¿Y ahora, mientras me lo contabas, la sentiste cerca?
Quelina se quedó quieta un momento. Era verdad. Algo había pasado mientras hablaba. Algo pequeño, pero real.
—Un poco —admitió.
—Los que amamos no se van del todo —dijo Mara con dulzura—. Se quedan en las historias que contamos sobre ellos.
Quelina miró la piedra otra vez. Esta vez no le pareció tan vacía. Le pareció que guardaba algo, como una cajita sin tapa que todavía tenía cosas adentro.
—¿Puedo dejar la piedra aquí? —preguntó Quelina.
—Por supuesto —dijo Mara—. Puede ser el lugar donde la recuerdas.
Esa tarde, Quelina recogió una flor amarilla y la puso junto a la piedra. No porque eso devolviera a Manchita, sino porque quería que ese rincón del jardín supiera que Manchita había importado mucho.
Sintió entonces algo cálido en su espalda. Las espirales doradas de su caparazón brillaron suavemente, como si también ellas quisieran honrar ese momento.
Quelina no dejó de extrañar a Manchita. Pero aprendió que extrañar también es una forma de querer. Y que el amor, aunque duela, es siempre algo hermoso de haber tenido.
💛 QUELINA NOS DICE...
Querer a alguien que ya no está sigue siendo amor, y ese amor nunca se pierde.
✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS
Paso 1: Busquen juntos una piedra pequeña en el jardín o en la calle y lávense las manos para limpiarla con cuidado. Paso 2: El niño o la niña dibuja o describe en voz alta algo que recuerde con cariño de su mascota, mientras un adulto escucha sin interrumpir. Paso 3: Coloquen la piedra en un lugar especial de la casa o el jardín como símbolo de que ese amor sigue presente.