← Tomo 233 / 33
Quelina

El bosque que ya no daba miedo de noche

superacion miedos colectiva

na noche, Quelina se despertó antes de que saliera el sol. Quería caminar hasta el Gran Roble Sabio, pero al asomarse vio el bosque oscuro y sintió que sus patitas no querían moverse. «No importa», se dijo. «Esperaré a que aclare.»

Al día siguiente, Lumo llegó volando muy despacio. Tenía las antenas caídas.

—¿Estás bien? —le preguntó Quelina.

—Anoche quise visitarte —confesó Lumo—, pero el bosque de noche me pareció demasiado grande y me regresé. Me da un poco de vergüenza decirlo, porque yo soy una luciérnaga y se supone que no debo tener miedo de la oscuridad.

Quelina abrió mucho los ojos.

—¡A también me pasó esta mañana! —dijo—. Quería salir y no pude.

Poco después llegaron Pino y Mara. Cuando escucharon la conversación, los dos se miraron.

—Yo tampoco he cruzado el bosque de noche desde hace muchos días —admitió Pino, bajando sus púas con timidez.

—Yo lo rodeo por otro camino para no pasar por los árboles grandes —susurró Mara, moviendo sus alas despacio.

Hubo un momento de silencio. Luego, sin que nadie lo planeara, los cuatro comenzaron a reírse suavemente. ¡Todos tenían el mismo miedo y ninguno lo había dicho!

—¿Y si vamos juntos esta noche? —propuso Quelina.

Esa noche, cuando el cielo se llenó de estrellas, los cuatro amigos se juntaron en el borde del bosque. Quelina iba al frente. Pino caminaba a su lado. Mara volaba muy cerca, casi tocando las ramas. Y Lumo iluminaba el camino con su suave luz dorada.

Al principio, los sonidos del bosque sonaban raros: el crujido de una rama, el murmullo del viento entre las hojas. Quelina sintió que su corazón latía rápido.

—¿Seguimos? —preguntó.

—Seguimos —respondieron todos juntos.

Y entonces ocurrió algo hermoso. Sus ojos fueron acostumbrándose a la oscuridad, y el bosque empezó a mostrarse diferente: había hongos que brillaban suavemente en el suelo, flores que solo abrían de noche, y la luna pintaba de plata las hojas de los árboles.

—Es... precioso —dijo Mara casi sin voz.

Cuando llegaron al Gran Roble Sabio, Quelina se detuvo. Sus espirales doradas comenzaron a brillar con una luz tibia y tranquila.

—¿Por qué brillan? —preguntó Lumo.

—Creo que aprendí algo —respondió Quelina sonriendo—. Que el miedo se hace más pequeño cuando no lo cargamos solos.

Pino asintió y puso una pata sobre el caparazón de su amiga.

—Y que a veces, lo que nos asustaba esconde algo bonito adentro.

Esa noche, los cuatro amigos se quedaron un rato más bajo las estrellas, escuchando el bosque, ya sin apurarse por regresar.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando compartimos nuestros miedos con quienes queremos, el camino oscuro se vuelve un poco más brillante.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Antes de dormir, cada persona en la familia nombra una cosa pequeña que a veces le da miedo (sin importar la edad). Paso 2: Juntos, piensen en algo bonito o curioso que podría estar escondido detrás de ese miedo, igual que el bosque brillante de Quelina. Paso 3: Dénse un abrazo de 'equipo' y repitan juntos: «Con mi familia cerca, soy más valiente.»

← Anterior
El bosque que ya no daba miedo de noche
0:00/0:00
0.0s