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Quelina

Pino y el hermano nuevo que lo cambió todo

celos hermanos

quella mañana, Pino llegó al Valle Esmeralda con los pasos más lentos que Quelina había visto jamás. Sus púas, que normalmente apuntaban hacia arriba con energía, colgaban tristes a los lados.

—¿Qué te pasa, Pino? —preguntó Quelina, acercándose con cuidado.

Pino se sentó en una piedra redonda y suspiró muy fuerte.

—Llegó Pito —dijo en voz baja—. Mi hermanito bebé. Y ahora todos lo cargan, todos le cantan, todos le sonríen. Nadie me mira a mí.

Quelina se sentó a su lado sin decir nada todavía. Sabía que a veces lo más importante es escuchar.

—Antes yo era el especial —continuó Pino—. Y ahora Pito lo es todo. A veces quisiera que se fuera.

Quelina sintió que las espirales de su caparazón comenzaban a calentarse suavecito. Recordó algo que el Gran Roble Sabio le había dicho una vez.

—Pino, ¿recuerdas cuando Mara llegó al Valle? —preguntó Quelina.

Pino frunció el ceño.

—Sí. Al principio no me gustó. Decía que ocupaba mi lugar favorito junto al río.

—¿Y ahora?

Pino pensó un momento. Una pequeña sonrisa apareció en su cara.

—Ahora es mi amiga. Me enseñó a ver los colores del atardecer.

—Exacto —dijo Quelina—. ¿Acaso cuando llegó Mara, yo te quise menos a ti?

Pino abrió los ojos grandes.

—No... siempre eres mi amiga.

—El cariño no se divide, Pino —dijo Quelina con voz dulce—. Se multiplica. Como cuando enciendes una vela con otra: las dos brillan igual.

En ese momento llegó Lumo volando, su lucecita parpadeando de prisa.

—¡Pino! ¡Pino! —zumbó emocionado—. ¡Vi a tu hermanito y me dio una sonrisa enorme! ¡Creo que le gusté!

Pino se quedó quieto. Y entonces, sin saber muy bien por qué, sintió algo calientito en el pecho. Algo parecido al orgullo.

—¿De verdad sonrió? —preguntó Pino.

—¡Sí! —dijo Lumo—. Pero claro, eres su hermano mayor. Seguro que a ti te da la sonrisa más grande de todas.

Pino se levantó de la piedra. Sus púas volvieron poco a poco a apuntar hacia arriba.

—Creo... creo que voy a enseñarle el Valle cuando sea más grande —dijo en voz baja, como si fuera un secreto precioso.

—Eso es lo más bonito que puedes hacer —dijo Quelina.

Y en ese instante, las espirales doradas de su caparazón brillaron suaves y cálidas bajo el sol del Valle Esmeralda.

Pino corrió a casa. Y cuando su mamá lo vio llegar, lo abrazó tan fuerte que sus púas casi le hicieron cosquillas. Entonces Pino entendió: él seguía siendo especial. Solo que ahora tenía a alguien más a quien querer.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando llega alguien nuevo a nuestra familia, el amor no se parte en pedazos, sino que crece y alcanza para todos.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregunta a tu hijo o hija cómo se siente cuando tiene que compartir algo que le gusta mucho, como un juguete o un momento contigo. Escúchalo sin interrumpir. Paso 2: Juntos, piensen en una persona que quieren mucho y luego en otra persona que también quieren. Pregúntale: '¿Queremos menos a la primera por querer también a la segunda?' Déjalo reflexionar. Paso 3: Abrázenlo fuerte y dile: 'Tú siempre serás especial para mí, y nada ni nadie cambia eso.'

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