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Quelina

El día que Mara defendió a quien nadie defendía

bullying defensa

na mañana de sol suave, Mara revoloteaba entre las flores del Valle Esmeralda buscando el rocío más dulce. Sus alas de colores brillaban como pequeños arcoíris cuando, al pasar junto al estanque de los juncos, escuchó algo que le apretó el corazón.

Tres escarabajos rodeaban a un caracol muy pequeño llamado Coco. Le gritaban cosas que dolían: «¡Qué lento eres! ¡Tu casita es fea! ¡Nadie quiere jugar contigo!». Coco tenía los ojos llenos de lágrimas y miraba el suelo sin decir nada.

Mara se detuvo en el aire. Sintió un temblor en las alas. Quería seguir volando y hacer como si no hubiera visto nada, porque los escarabajos eran más grandes que ella. Pero algo dentro de su pecho le decía que no podía.

«Si yo estuviera sola y nadie me ayudara, ¿cómo me sentiría?», pensó.

Entonces respiró hondo, abrió bien sus alas de colores y voló directo hacia el estanque.

—¡Coco! —dijo Mara con voz clara y firme—. ¡Qué bueno encontrarte! Quelina nos está esperando junto al Gran Roble Sabio. ¿Vienes?

Coco la miró sorprendido, con los ojos todavía brillantes de tanto llorar.

Los escarabajos se quedaron callados. No esperaban que alguien llegara así, sin miedo y con tanta calma.

—Este caracol no tiene amigos —dijo uno de ellos con voz burlona.

—Se equivocan —respondió Mara mirándolos a los ojos—. Coco me tiene a mí. Y eso ya es mucho.

Tomó a Coco del camino y los dos se alejaron juntos hacia el Gran Roble. Al llegar, Quelina estaba allí con Lumo y Pino. Mara les contó lo que había pasado.

Quelina escuchó con atención. Las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar suavemente, como siempre que algo importante estaba por entenderse.

—Mara —dijo Quelina con voz dulce—, hiciste algo muy difícil hoy. No te quedaste quieta cuando alguien necesitaba ayuda. Eso se llama valentía de corazón.

Coco miró a Mara con una sonrisa tímida pero real, quizás la primera sonrisa de todo ese día.

—Yo pensé que no importaba si alguien me veía —dijo Coco en voz baja.

—Siempre importas —le dijo Mara—. Aunque otros no lo vean todavía, importas.

Pino le ofreció a Coco un lugar a su lado. Lumo le prometió iluminar su camino en las noches oscuras. Y así, sin mucho ruido, Coco dejó de estar solo.

Esa tarde, mientras el sol se iba despidiendo del Valle Esmeralda, Mara voló despacio sobre las flores. Sus alas ya no temblaban. Había aprendido que a veces una sola voz, dicha a tiempo y con amor, puede cambiar el día entero de alguien.

💛 QUELINA NOS DICE...

Defender a quien nadie defiende no siempre es fácil, pero siempre es lo más valiente y lo más justo.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregunta a tu hijo o hija: '¿Alguna vez viste que alguien tratara mal a otro niño? ¿Cómo te sentiste?' Escucha sin interrumpir. Paso 2: Juntos, piensen en una cosa sencilla que se puede hacer cuando alguien está siendo tratado con burlas, como acercarse, decir una palabra amable o buscar a un adulto de confianza. Paso 3: Practiquen en voz alta cómo se diría esa frase valiente, tal como lo hizo Mara, para que el niño la sienta propia y lista para usar cuando la necesite.

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El día que Mara defendió a quien nadie defendía
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