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Quelina

Los ojos de Pino viendo el mundo de Mara

perspectiva del otro

na mañana fresca en el Valle Esmeralda, Pino caminaba despacio por el sendero de piedras cuando Mara pasó volando a toda velocidad y rozó sus púas sin querer.

—¡Mara! ¡Siempre vas tan rápido que no ves nada! —exclamó Pino, molesto, erizando sus púas sin darse cuenta.

Mara se detuvo en el aire y respondió:

—¡Y siempre vas tan lento que uno tiene que esperarte toda la vida! No entiendo por qué todo tiene que hacerse a tu ritmo.

Los dos se miraron con el ceño fruncido y se alejaron sin decir nada más. Quelina, que había visto todo desde una roca cercana, se acercó despacio.

—¿Están bien? —preguntó con voz suave.

—No —dijo Pino—. Mara nunca me entiende.

—Ni yo a él —añadió Mara, que todavía revoloteaba cerca.

Quelina pensó un momento y luego dijo:

—¿Quieren intentar algo especial? Cierren los ojos. Pino, imagina que eres Mara: tienes alas ligeras, el viento te invita a moverte, y cada flor que ves dura solo un momento antes de marchitarse. ¿Cómo te sentirías si no pudieras volar rápido?

Pino cerró los ojos y respiró hondo. Después de un momento, dijo en voz baja:

—Creo que... me sentiría triste. Como si se me escapara algo hermoso.

—Ahora tú, Mara —continuó Quelina—. Imagina que eres Pino: tienes púas que a veces asustan a los demás sin querer, y necesitas ir despacio para no lastimar a nadie al pasar. ¿Cómo te sentirías si todos siempre tuvieran prisa?

Mara bajó hasta posarse en una flor y cerró sus ojos de colores.

—Me sentiría solo —susurró—. Como si nadie tuviera tiempo para caminar conmigo.

Hubo un silencio suave entre los tres. El viento movió las hojas del Gran Roble Sabio, que parecía escuchar desde lejos.

Pino se giró hacia Mara y dijo con voz más tranquila:

—No sabía que volar rápido era tu forma de no perder las cosas bonitas. Lo entiendo ahora.

Mara sonrió con sus alas abiertas:

—Y yo no sabía que ibas despacio para cuidar a los demás. Eso es muy tuyo, Pino. Es algo bueno.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como si el sol las hubiera encontrado de repente.

—¿Ven? —dijo ella con ternura—. No se trataba de quién tenía razón. Se trataba de entender desde dónde viene el otro.

Mara y Pino caminaron juntos esa tarde: uno volando bajo, el otro avanzando con pasos firmes. Iban a ritmos distintos, pero en la misma dirección.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando nos ponemos en el lugar del otro, el enojo se convierte en comprensión y los amigos se vuelven más cercanos.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Cuéntale a tu hijo/a sobre alguien con quien haya tenido un malentendido recientemente, sin juzgar a ninguno de los dos. Paso 2: Pregúntale: '¿Cómo crees que se sintió esa persona? ¿Qué estaría pensando?' y escucha con atención sin interrumpir. Paso 3: Inviten al niño o niña a dibujar dos caras: la suya y la de la otra persona, y escriban o digan en voz alta una cosa que cada uno podría estar sintiendo.

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Los ojos de Pino viendo el mundo de Mara
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