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Quelina

La mariposa que fue oruga y luego fue Mara

transicion crecimiento

na mañana de rocío, Quelina caminaba por el sendero de los helechos cuando escuchó un sonido muy suave. Era casi como un susurro, o quizás como el viento... pero no. Era un llanto.

Siguió el sonido hasta llegar a la rama baja del Gran Roble Sabio. Allí, colgado entre dos hojas verdes, había un capullo color crema con pequeñas manchas doradas. Y desde adentro llegaban esos sollozos delicados.

—¿Mara? —preguntó Quelina en voz baja.

—Quelina... —respondió una voz adentro—. Tengo miedo. Ya casi es hora de salir y no qué voy a encontrar afuera. Antes yo era oruga. Sabía cómo moverme, sabía cómo comer, sabía quién era. Pero ahora... no qué soy.

Quelina se quedó quieta un momento. Apoyó una pata pequeña sobre el capullo con mucho cuidado.

—Eso suena muy difícil —dijo—. Como cuando uno ya no cabe en el lugar donde vivía antes, pero todavía no conoce el lugar nuevo.

—Exactamente —suspiró Mara—. ¿Y si el mundo de afuera es demasiado grande? ¿Y si ya no recuerdo quién soy?

El Gran Roble Sabio crujió suavemente, como si estuviera escuchando. Y entonces habló con su voz de raíces profundas:

—Mara, cuando eras oruga, aprendiste a ser valiente hoja por hoja. Todo lo que aprendiste sigue dentro de ti. El capullo no borró a la oruga. La transformó.

Hubo un largo silencio.

Luego, muy despacio, el capullo comenzó a moverse. Primero un temblor pequeño. Luego otro. Y entonces, con una delicadeza que cortaba el aliento, apareció una ala. Después la otra. Y al final, Mara entera: naranja y negra y brillante como el atardecer.

Quelina sintió un calor en el caparazón. Las espirales doradas comenzaron a brillar suavemente, como siempre que algo importante llegaba a su corazón.

—Mara —dijo con una sonrisa—. Eres la misma que siempre fuiste... y también eres algo nuevo. Las dos cosas al mismo tiempo.

Mara movió las alas despacio, probándolas. Luego miró a Quelina con ojos húmedos y luminosos.

—Tenía tanto miedo de dejar de ser yo —dijo.

—Pero eres todo lo que has vivido —respondió Quelina—. La oruga que trepaba, el capullo que esperó con valentía, y ahora las alas que están listas para volar.

Mara alzó el vuelo por primera vez. Solo un poco. Solo lo suficiente para sentir el aire bajo sus alas nuevas. Y luego volvió a posarse junto a Quelina.

—¿Puedo tener miedo y volar al mismo tiempo? —preguntó.

Quelina sonrió.

—Creo que eso es exactamente lo que significa volar de verdad.

💛 QUELINA NOS DICE...

Crecer no significa dejar de ser quien eres, sino llevar todo lo que viviste hacia un lugar más alto.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pídele a tu hijo que dibuje tres momentos en que él o ella cambió y creció, por ejemplo: aprender a caminar, empezar la escuela, hacer un amigo nuevo. Paso 2: Conversen juntos sobre cómo se sintieron antes de cada cambio y cómo se sintieron después. Paso 3: Cada uno diga en voz alta una cosa que aprendió de un cambio difícil y celebren ese aprendizaje con un abrazo.

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