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Quelina

La familia de Quelina y sus mil maneras de ser

diversidad familiar

ra una tarde dorada en el Valle Esmeralda cuando Quelina llegó al prado con los ojos llenos de preguntas.

Mara revoloteaba entre las flores y Pino ordenaba sus pinchos con cuidado. Los dos notaron enseguida que su amiga traía algo guardado en el corazón.

—¿Qué pasa, Quelina? —preguntó Mara, posándose suavemente sobre una piedra.

Quelina suspiró.

—Hoy en el prado, todos hablaban de sus familias. Río tiene mamá y papá pez. Tú, Mara, tienes a tu mamá mariposa. Y Pino vive con sus dos abuelos. Pero yo... yo vivo solo con mi abuela Concha. A veces me pregunto si eso está bien.

Pino arrugó la nariz con ternura.

—Yo también me lo pregunté una vez —dijo en voz baja—. Mis abuelos me lo explicaron así: una familia no tiene una sola forma. Tiene la forma del amor que hay adentro.

Quelina pensó en eso, pero aún sentía un pequeño nudo.

Entonces Mara tuvo una idea.

—Vayamos al Gran Roble Sabio. Él siempre sabe cómo ayudarnos a ver con más claridad.

Los tres amigos caminaron juntos hasta el centro del Valle, donde el Gran Roble extendía sus ramas como brazos abiertos.

—Gran Roble —dijo Quelina con respeto—, ¿por qué las familias son tan distintas?

El árbol dejó caer una hoja dorada que giró lentamente hasta posarse frente a ella.

—Mira el Valle, pequeña —respondió el Roble con su voz profunda y cálida—. ¿Ves dos flores exactamente iguales?

Quelina miró. Había flores redondas, alargadas, moradas, blancas, solas y en racimos.

—No —admitió.

—Y sin embargo, todas son flores. Todas crecen, todas dan color, todas son reales. Las familias son así también. Algunas tienen mamá y papá. Otras tienen dos mamás, o dos papás. Algunas tienen abuelos, tíos, o personas que eligieron amarse y cuidarse. Lo que las hace familia no es su forma, sino el amor con el que se cuidan cada día.

Quelina pensó en su abuela Concha: en cómo le preparaba sopa cuando llovía, en cómo le contaba historias antes de dormir, en cómo la abrazaba sin que ella pidiera el abrazo porque ya sabía cuándo lo necesitaba.

De pronto, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas despertando.

—Mi familia somos mi abuela y yo —dijo Quelina en voz alta, y esta vez sin el nudo—. Y está hecha de sopa caliente, de cuentos, de abrazos que llegan justo a tiempo.

Mara batió las alas con alegría. Pino sonrió con orgullo.

—Exactamente —dijo el Gran Roble—. No hay una sola manera correcta de ser familia. Hay mil maneras, y todas son verdaderas cuando están llenas de amor.

Quelina volvió a casa esa tarde con el corazón más liviano. Y cuando su abuela Concha abrió la puerta y la miró con aquellos ojos cálidos, Quelina corrió a abrazarla con fuerza.

—¿Qué fue eso? —preguntó la abuela, sorprendida y feliz.

—Solo quería que supieras —dijo Quelina— que nuestra familia es perfecta.

💛 QUELINA NOS DICE...

Las familias no tienen una sola forma: lo que las hace reales y hermosas es el amor con el que se cuidan cada día.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos en un lugar cómodo y pídale a su hijo o hija que dibuje o describa con palabras cómo es su familia. Paso 2: Cada persona del grupo nombra una cosa especial que hace alguien de su familia para mostrar amor (un abrazo, una comida, una palabra). Paso 3: Juntos, escriban o repitan en voz alta: 'Nuestra familia es especial porque...' y completen la frase con sus propias palabras.

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La familia de Quelina y sus mil maneras de ser
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