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El día que Quelina descubrió su caparazón dorado

amor propio

na mañana, Quelina salió a caminar por el Valle Esmeralda. El sol pintaba todo de color naranja y las flores olían a miel. Pero Quelina no sonreía.

Al llegar al lago, vio a Mara, su amiga mariposa, que volaba muy alto, dando vueltas y más vueltas entre las nubes.

—¡Mara! —llamó Quelina desde abajo—. ¿Cómo se siente volar tan alto?

Mara bajó suavemente y se posó en una piedra.

—Se siente como respirar con todo el cuerpo —dijo Mara, moviendo sus alas de colores—. ¿Y a ti cómo se te siente caminar?

Quelina bajó la cabeza.

—Pesado —respondió en voz bajita—. Siempre llevo esta cosa grande encima. A veces quisiera ser como tú, Mara. Liviana y colorida.

Mara la miró con ternura y no dijo nada todavía. En cambio, caminó despacio alrededor de Quelina.

—¿Puedo mirar tu caparazón de cerca? —preguntó.

Quelina asintió, aunque le daba un poco de pena.

Mara observó con mucho cuidado. Primero vio el color verde oscuro, suave como el musgo. Luego vio algo más: unas líneas que se enroscaban desde el centro hacia afuera, una y otra vez, formando espirales perfectas.

—Quelina —dijo Mara en voz muy suave—, ¿sabes qué son estas espirales?

Quelina negó con la cabeza.

—Yo no tengo nada así en mis alas —continuó Mara—. Nadie en el valle tiene algo igual. Estas espirales son solo tuyas.

Quelina estiró el cuello para intentar mirar su propio caparazón. No podía verlo del todo, pero sintió algo extraño en el pecho. Algo tibio.

—¿Solo mías? —preguntó.

—Solo tuyas —confirmó Mara—. Y fíjate bien.

En ese momento, algo maravilloso ocurrió. Las espirales comenzaron a brillar. Una luz dorada, suave y cálida, salió de cada una de ellas. El caparazón de Quelina resplandecía como si guardara pedacitos de sol adentro.

Quelina abrió los ojos muy grandes.

—¿Por qué brilla? —preguntó asombrada.

—Brilla cuando entiendes algo importante —dijo Mara sonriendo—. Creo que acabas de descubrir que eres única, Quelina. Y eso es algo muy, muy grande.

Quelina se quedó quieta un momento. Miró el lago, vio su reflejo en el agua y, por primera vez, le sonrió a la pequeña tortuga que la miraba desde allá abajo.

—Creo que me gusta mi caparazón —dijo en voz baja, como si fuera un secreto.

—A también me gusta —dijo Mara.

Y las dos amigas se quedaron un rato más junto al lago, mientras las espirales doradas seguían brillando despacito, como estrellas que hubieran decidido quedarse a vivir en el Valle Esmeralda.

💛 QUELINA NOS DICE...

Lo que te hace diferente es exactamente lo que te hace especial.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pídele a tu hijo o hija que dibuje en un papel la forma de una tortuga con su caparazón. Paso 2: Juntos, dibujen dentro del caparazón espirales, estrellas o formas que representen cosas que esa persona hace muy bien o que la hacen única. Paso 3: Cuando terminen, el adulto le dice al niño o niña: 'Estas espirales son solo tuyas. Cuéntame cuál es tu favorita y por qué.'

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