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El erizo que no quería soltar la mano de mamá
primer dia escuelaLa mañana llegó pintada de naranja y rosa sobre el Valle Esmeralda. Los pájaros cantaban, el rocío brillaba en las hojas y, en la madriguera de los puercoespines, todo debía estar bien.
Pero Pino no estaba bien.
Era su primer día en el Jardín del Bosque, el lugar donde los animales pequeños aprendían, jugaban y hacían amigos. Pino miraba su mochila sin tocarla. Tenía las puas erguidas, los ojos grandes y los pies pegados al suelo.

“El cuento continúa… 🌙”
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—No quiero ir —susurró, aferrando con fuerza la mano suave de su mamá.
Su mamá le acarició la mejilla.
—¿Qué sientes, mi amor? —preguntó con ternura.
—Un bicho raro aquí adentro —dijo Pino, señalando su pancita—. Como si algo malo fuera a pasar.
En ese momento, Quelina apareció por el camino de piedras. Sus espirales doradas brillaban suavemente con la luz de la mañana.
—¡Buenos días, Pino! —saludó ella, con su sonrisa tranquila—. ¿Vamos juntos al Jardín del Bosque?
Pino negó con la cabeza.
—Yo también sentí ese bicho una vez —dijo Quelina, sentándose a su lado—. Cuando fui por primera vez al Gran Roble Sabio. Me quedé quieta muchísimo tiempo antes de dar el primer paso.
Pino la miró con sorpresa.
—¿Tú también tuviste miedo?
—Sí —respondió Quelina—. El miedo a veces llega cuando algo es nuevo. No significa que sea peligroso. Solo significa que tu cuerpo está siendo muy cuidadoso.
Pino pensó un momento.
—¿Y qué hiciste tú?
—Respiré despacio —dijo Quelina—. Así.
✨Las dos amigas respiraron juntas: adentro contando uno, dos, tres... afuera contando uno, dos, tres. Pino sintió que el bicho de la pancita se hacía un poquito más pequeño.
—Solo tienes que dar un paso —dijo Quelina—. Uno solo. El segundo paso llega solito después.
Pino miró a su mamá. Ella asintió con una sonrisa cálida y le soltó la mano con suavidad.
Pino miró el camino. Respiró otra vez. Y dio un paso.
Después dio otro. Y otro.
Cuando llegaron al Jardín del Bosque, había una rana verde que también estaba sentada sola junto a la puerta, con los ojos muy abiertos. Pino la reconoció: esa misma cara era la suya de hacía un momento.
—Hola —dijo Pino—. ¿Es tu primer día también?
La ranita asintió.
—El mío también —dijo Pino—. ¿Quieres entrar juntos?
Y entraron.
Al final de la tarde, cuando el sol empezaba a bajar, Pino salió corriendo hacia su mamá.
—¡Mamá! ¡Hicimos castillos de barro y aprendí una canción y mi amiga se llama Lila!
Su mamá lo abrazó fuerte.
Quelina los observó desde lejos, sonriendo. En su caparazón, las espirales doradas brillaron con una luz suave y tibia, como siempre que algo importante acababa de aprenderse.
💛 QUELINA NOS DICE...
El primer paso es el más difícil, pero una respiración profunda y un amigo a tu lado pueden ayudarte a darlo.
✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS
Paso 1: Pregúntale a tu hijo o hija si alguna vez ha sentido 'el bicho en la pancita' antes de algo nuevo, y escucha sin juzgar lo que te cuente. Paso 2: Practiquen juntos la respiración de Quelina: inhalen contando hasta tres y exhalen contando hasta tres, dos o tres veces seguidas. Paso 3: Invítalo a recordar algo nuevo que hizo antes y que al final resultó divertido o bonito, y celebren ese recuerdo juntos con un abrazo.