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Quelina

La manta azul que Osito perdió en el río

perdida objeto amado

sa mañana, el Valle Esmeralda amaneció lleno de rocío y flores amarillas. Quelina salía despacio de su casita cuando escuchó un sonido diferente: alguien lloraba cerca del río.

Era Osito, un pequeño oso de orejas redondas que vivía al otro lado del prado. Estaba sentado junto al agua, con los ojos muy rojos y las patitas apretadas contra el pecho.

—¿Qué pasó, Osito? —preguntó Quelina con voz suave, acercándose poquito a poquito.

—Mi manta azul —sollozó Osito—. La que me regaló mi abuela. Estaba jugando y... y se cayó al río. Ya no está. Ya nunca va a estar.

Quelina se sentó a su lado sin decir nada todavía. Sabía que a veces lo primero que alguien necesita no son palabras, sino compañía.

Desde el agua apareció Río, el pez amigo, asomando su cabecita brillante entre las piedras.

—Busqué por todas partes —dijo Río con tristeza—. La manta viajó muy lejos con la corriente. Lo siento mucho, Osito.

Osito lloró un poco más. Y Quelina lo dejó llorar, porque las lágrimas son la manera que tiene el corazón de decir que algo importaba mucho.

Después de un rato, Quelina preguntó con ternura:

—¿Me puedes contar algo de tu manta azul?

Osito levantó la vista, sorprendido.

—Era suavecita —dijo en voz bajita—. Olía a lavanda. Mi abuela la tejió hilo por hilo. Cuando tenía miedo en la noche, la abrazaba y sentía que ella estaba cerca.

Mientras hablaba, algo curioso pasó: una pequeña sonrisa apareció entre sus lágrimas.

—Eso que sientes ahora, ese calorcito —dijo Quelina— ¿lo notas? Está adentro tuyo. Es el amor que tu abuela puso en cada hilo. Ese amor no se fue con el río.

Osito puso una patita sobre su corazón y lo pensó muy bien.

—¿Estás diciendo que el amor se queda... aquí adentro?

—Siempre —respondió Quelina.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron suavemente, como pequeñas estrellas dibujadas en su espalda. Río las vio desde el agua y sonrió.

Osito respiró hondo. Todavía estaba triste, y eso estaba bien. Extrañar algo que se ama es completamente normal. Pero ahora sabía que adentro de él vivía algo que ningún río podía llevarse.

—¿Puedo venir a visitarte a veces? —le preguntó Osito a Quelina—. Para cuando extrañe mucho.

—Cuando quieras —dijo ella—. Para eso están los amigos.

Los tres se quedaron un momento mirando el río juntos: Quelina con su caparazón brillante, Río asomado entre las piedras, y Osito con una patita sobre el corazón, guardando su tesoro más importante.

💛 QUELINA NOS DICE...

Las cosas que amamos pueden alejarse, pero el amor que sentimos por ellas vive para siempre dentro de nosotros.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregúntale a tu hijo o hija si alguna vez perdió algo que quería mucho, y escucha con atención sin interrumpir. Paso 2: Invítalo a dibujar ese objeto especial y a contarte qué sentía cuando lo tenía cerca. Paso 3: Juntos, pongan una mano sobre el corazón y digan en voz alta: 'El amor que siento por eso vive aquí adentro'.

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