← Tomo 119 / 33
Quelina

La oveja azul del rebaño completamente blanco

diferente a los demas

na mañana fresca, Quelina caminaba por los prados del Valle Esmeralda cuando escuchó un sonido muy bajito, casi como el viento, pero más triste.

Detrás de un arbusto de flores amarillas, encontró a una oveja pequeña. Pero no era una oveja cualquiera: su lana era completamente azul, del mismo azul profundo del cielo antes de que salgan las estrellas.

—¿Por qué lloras? —preguntó Quelina con suavidad.

—Porque soy azul —respondió la oveja, sin levantar la cabeza—. Todas las demás ovejas son blancas, y yo soy azul. Cuando camino con el rebaño, todos me miran. Quisiera ser blanca como ellas.

Quelina se sentó a su lado. Conocía muy bien ese sentimiento: ella también era diferente, con sus espirales doradas en el caparazón, tan distintas al resto.

—Me llamo Quelina. ¿Y tú?

—Nieve —dijo la oveja, un poco sorprendida—. Me pusieron ese nombre porque el día que nací, cayó la primera nieve del invierno. Pero no entiendo por qué me llaman Nieve si soy azul y no blanca.

En ese momento llegó Mara, la mariposa, revoloteando con sus alas de mil colores.

—¡Qué lana tan hermosa! —exclamó Mara, posándose suavemente sobre la cabeza de Nieve—. Nunca había visto algo así en todo el Valle.

Nieve parpadeó, confundida.

—¿Hermosa? Pero... soy diferente.

—Claro que eres diferente —dijo Mara—. ¡Yo también lo soy! Mira mis alas: no hay dos iguales en todo el mundo. Y Quelina tiene espirales doradas que ninguna otra tortuga tiene. Ser diferente no es un error. Es una firma.

—¿Una firma? —preguntó Nieve.

—Sí —explicó Quelina—. Como cuando dibujas tu nombre y nadie más puede dibujarlo igual. Tu lana azul es tu firma. Le dice al mundo que eres tú, solo tú, Nieve.

Nieve levantó la cabeza despacio. Por primera vez en mucho tiempo, miró su propia lana. Era azul, sí. Azul como el cielo, como el río, como los sueños.

—Nunca lo había pensado así —murmuró.

En ese instante, las espirales del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas lunas doradas. Quelina sonrió: había aprendido algo también. Que a veces, para recordar quiénes somos, necesitamos ayudar a otro a descubrirse.

Nieve respiró profundo y se puso de pie. Su lana azul brilló bajo el sol de la mañana.

—Creo que voy a volver con el rebaño —dijo—. Y esta vez, voy a caminar con la cabeza en alto.

Quelina y Mara la vieron alejarse, paso a paso, segura y azul, completamente azul, completamente ella.

Y el Valle Esmeralda se veía más bonito que nunca.

💛 QUELINA NOS DICE...

Ser diferente no es un error: es la firma única que el mundo necesita ver.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pídele a tu hijo o hija que dibuje su animal favorito y lo pinte de un color que nadie esperaría. Paso 2: Pregúntale por qué eligió ese color y qué hace especial a ese animal así. Paso 3: Compartan cada uno algo que los hace únicos y celébrelo con un abrazo.

← AnteriorSiguiente →
La oveja azul del rebaño completamente blanco
0:00/0:00
0.0s