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Quelina

Las manos de Pino que no encontraban palabras

expresion emocional

sa mañana, Pino llegó al prado donde Quelina tomaba el sol. Sus pequeñas manos no podían quedarse quietas: las apretaba, las abría, las frotaba una contra otra, como si buscaran algo que no encontraban.

Quelina lo observó con calma. Pino no decía nada. Solo miraba el suelo y movía las manos, las manos, las manos.

—¿Qué tienen tus manos hoy, Pino? —preguntó Quelina con voz suave.

Pino levantó los ojos. Abrió la boca. La cerró. Luego sacudió la cabeza.

—No cómo decirlo —murmuró al fin—. Tengo algo aquí dentro, pero las palabras no vienen.

Quelina asintió despacio. Ella también había sentido eso alguna vez: algo grande que llenaba el pecho y no cabía en ninguna palabra.

—Está bien —dijo Quelina—. A veces los sentimientos llegan antes que las palabras. ¿Me puedes mostrar con tus manos cómo se siente?

Pino la miró sorprendido. Luego, sin pensarlo mucho, apretó las dos manos con fuerza contra su pecho.

—¿Así? —preguntó.

—Así —confirmó Quelina—. ¿Ese apretón es de tristeza, de miedo, de enojo o de algo más?

Pino pensó. Frunció el hocico. Sus manos se abrieron poco a poco.

—Creo... creo que es de tristeza —dijo—. Hoy Mara voló muy lejos y no me dijo adiós.

En cuanto dijo aquello, algo cambió. Sus hombros bajaron. Sus manos se quedaron quietas por primera vez en toda la mañana.

—¡La encontraste! —exclamó Quelina con una sonrisa.

—¿A Mara? —preguntó Pino confundido.

—No —dijo Quelina—. A la palabra. La tristeza estaba ahí, esperando que la nombraras.

Pino miró sus manos, ahora tranquilas sobre su regazo. Le parecía increíble que unas palabras tan pequeñas pudieran calmar algo tan grande.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas que hubieran despertado.

—¿Por qué brillan? —preguntó Pino.

—Porque aprendí algo hoy también —respondió Quelina—. Que a veces el corazón habla primero con las manos, y eso también es válido.

Pino sonrió. Era una sonrisa pequeña, pero verdadera.

Más tarde, cuando Mara regresó volando por encima del prado, Pino levantó una mano y la llamó. Y cuando ella se posó a su lado, él le dijo, despacito:

—Me puse triste porque te fuiste sin decirme adiós.

Mara abrió sus alas coloridas con sorpresa. Luego las cerró suavemente sobre los hombros de Pino.

—Lo siento mucho —le dijo—. La próxima vez te digo adiós.

Esa tarde, en el Valle Esmeralda, las manos de Pino por fin descansaron.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando nombramos lo que sentimos, el corazón encuentra su calma.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos y túrnense para hacer gestos con las manos que representen un sentimiento (apretar los puños, abrir los brazos, encogerse), sin decir palabras. Paso 2: El otro adivina qué sentimiento puede ser y lo nombra en voz alta. Paso 3: Conversen sobre cuándo han sentido eso y cómo se llamaba ese sentimiento.

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