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Quelina

El lago que le devolvió su nombre a Coco

autoconocimiento basico

n el Valle Esmeralda había un lago tan tranquilo que el agua parecía un espejo gigante. Río vivía cerca de ese lago y conocía todos sus secretos.

Un día, mientras Quelina paseaba por la orilla, escuchó un sonido bajito y triste. Era Coco, un pequeño cangrejo de color anaranjado, sentado sobre una piedra mojada.

—¿Qué te pasa, Coco? —preguntó Quelina con voz suave.

—No quién soy —respondió Coco, mirando el suelo—. Todos dicen que soy anaranjado, pero a no me gusta ese color. Todos dicen que camino diferente, pero eso me da vergüenza. No qué tiene de bueno ser yo.

Quelina se sentó a su lado. No dijo nada todavía. Solo estuvo ahí, acompañándolo.

Entonces apareció Río, nadando despacio desde las profundidades del lago.

—Coco —dijo Río con una voz fresca como el agua—, ¿alguna vez te has mirado en el lago cuando está muy, muy quieto?

Coco negó con la cabeza.

—Ven —dijo Río—. Quiero mostrarte algo.

Los tres se acercaron al borde del agua. El lago estaba completamente en calma. Coco se asomó con cuidado... y vio su reflejo.

Vio sus pinzas pequeñas pero fuertes. Vio su color anaranjado, brillante como el sol de la tarde. Vio sus ojitos redondos, llenos de vida.

—¿Eso soy yo? —preguntó Coco, sorprendido.

—Sí —dijo Quelina sonriendo—. Y hay más cosas que no se ven en el agua. ¿Sabes cuál es tu color favorito de flor? ¿Sabes qué comida te hace feliz? ¿Sabes qué sientes cuando abrazas a alguien?

Coco pensó un momento. —Me gustan las flores lilas. Me encanta comer berries azules. Y cuando abrazo a alguien, siento que el corazón se me pone calientito.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron suavemente, como pequeñas estrellas.

—Eso es tuyo, Coco —dijo ella—. Tu color, tus gustos, tus sentimientos. Nadie más tiene exactamente eso. Eso es lo que te hace ser tú.

Coco miró el lago otra vez. Esta vez sonrió.

—Entonces... me llamo Coco, me gustan las flores lilas, camino diferente y eso está bien —dijo, casi como si se lo estuviera contando a alguien muy importante.

—Exactamente —dijo Río, haciendo una pequeña ola de alegría.

Esa tarde, Coco caminó por el valle de una manera distinta. No más rápido ni más lento. Solo caminó siendo él, con sus pinzas, su color anaranjado y su corazón calientito.

Y el lago, quieto y brillante, guardó su reflejo para siempre.

💛 QUELINA NOS DICE...

Conocerte a ti mismo es el tesoro más grande que puedes encontrar.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pídele a tu hijo o hija que se mire en un espejo y nombre tres cosas que ve de sí mismo, pueden ser físicas o de su personalidad. Paso 2: Pregúntale qué cosas le gustan mucho, qué lo hace reír y qué siente cuando está con alguien que quiere. Paso 3: Dile con voz cariñosa: 'Todo eso que acabas de decir eres tú, y eso es algo muy especial.'

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