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Quelina

Quelina y el nombre que le regaló el viento

identidad inicial

na mañana fresca, Quelina se sentó bajo el Gran Roble Sabio y miró las hojas moverse con el viento. Las hojas hacían un sonido suave, casi como si alguien hablara.

—¿Escuchaste eso? —dijo Mara, la mariposa, posándose cerca con sus alas de colores brillantes.

—Sí —respondió Quelina, inclinando la cabeza—. Pero no entendí qué dijo.

El viento volvió a pasar, más despacio esta vez. Las hojas susurraron: «Que-li-na... Que-li-na...».

Quelina abrió los ojos muy grandes.

—¡Dijo mi nombre! —exclamó.

Mara sonrió y batió sus alas suavemente.

—El viento siempre recuerda los nombres de quienes viven en el Valle Esmeralda. Pero, ¿sabes qué significa el tuyo?

Quelina pensó. Sabía que su nombre era el que usaban sus papás cuando la llamaban a desayunar, el que decía Lumo cuando quería jugar, el que pronunciaba Pino cuando necesitaba ayuda. Pero nunca se había preguntado qué quería decir.

—No lo —admitió Quelina en voz baja.

—Entonces vayamos a preguntar —propuso Mara.

Las dos amigas caminaron hasta la orilla del río, donde Río el pez asomaba su cabeza entre el agua brillante.

—Río, ¿sabes qué significa el nombre Quelina? —preguntó Mara.

Río pensó un momento, moviendo sus aletas.

—Los nombres no siempre tienen un significado escrito —dijo con calma—. A veces significan lo que las personas ponen en ellos. Tu mamá y tu papá te llamaron Quelina porque ese nombre los hacía sentir algo muy especial cuando lo decían. Como si llevara adentro todo el cariño que te tienen.

Quelina se quedó quieta. Recordó la voz de su mamá diciendo su nombre antes de dormir. Recordó la voz de su papá cuando la encontraba después de jugar entre los helechos. Siempre suave. Siempre cálida.

—Entonces mi nombre está lleno de amor —dijo Quelina despacio.

—Sí —confirmó Río—. Y además, es tuyo. Solo tuyo. No hay otra Quelina en todo el Valle.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar. Un resplandor suave y cálido, como el sol entre las nubes de la mañana.

Mara la miró con ternura.

—¿Lo sentiste?

—Sí —dijo Quelina sonriendo—. Sentí que me gusta ser yo.

El viento volvió a pasar por el Valle Esmeralda y las hojas del Gran Roble volvieron a susurrar. Esta vez, Quelina entendió perfectamente lo que decían.

Decían su nombre. Y ella respondió con una sonrisa.

💛 QUELINA NOS DICE...

Tu nombre es tuyo para siempre, y está lleno del amor de quienes te lo dieron.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos en un lugar tranquilo y el adulto le cuenta al niño o niña cómo eligieron su nombre y qué sintieron al decirlo por primera vez. Paso 2: Inviten al niño o niña a decir su nombre en voz alta, primero bajito como un susurro y luego fuerte como el viento. Paso 3: Pregúntenle qué cosas bonitas cree que lleva su nombre adentro, y escuchen con atención todo lo que responda.

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Quelina y el nombre que le regaló el viento
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