← Tomo 16 / 33
Quelina

Los monstruos de lana que Mara soñaba

pesadillas

na mañana, cuando el sol apenas comenzaba a pintar el cielo de naranja, Quelina escuchó un llanto suave entre las flores del Valle Esmeralda. Era Mara, la mariposa de alas color lavanda, sentada sobre un pétalo grande, con las antenas caídas y los ojos brillantes de tanto llorar.

—¿Qué te pasó, Mara? —preguntó Quelina acercándose despacito.

—Soñé con monstruos otra vez —susurró Mara—. Son enormes, con dientes muy grandes y ojos rojos. Me persiguen y yo no puedo volar. Tengo tanto miedo que no quiero cerrar los ojos nunca más.

Quelina se sentó a su lado y la escuchó con mucha atención. No dijo «no tengas miedo» ni «eso no es real». Solo dijo: —Cuéntame más.

Mara describió a los monstruos. Eran peludos, del color del cielo cuando llueve, y hacían un ruido como truenos. Quelina pensó un momento y luego preguntó algo curioso: —¿A qué se parecen?

Mara parpadeó. —A... a las nubes oscuras de la tormenta del martes pasado. Esa que nos asustó a las dos.

Las espirales doradas del caparazón de Quelina empezaron a brillar suavemente, como siempre que algo importante estaba siendo aprendido.

—Mara —dijo Quelina con voz tierna—, creo que tus monstruos están hechos de algo que ya conoces. Son como nubes de tormenta que entraron a tus sueños porque todavía les tenías un poco de miedo.

Mara abrió las alas despacio. —¿Entonces no son monstruos de verdad?

—Son monstruos de lana —dijo Quelina sonriendo—. Los inventó tu mente para hablar contigo sobre algo que te asustó. Pero eres más valiente que cualquier nube.

Mara pensó en eso. Y entonces hizo algo inesperado: se rió. Una risa chiquita al principio, y luego más grande. —¡Monstruos de lana! ¡Qué cosa tan rara!

Esa noche, antes de dormir, Quelina le enseñó a Mara algo nuevo: cuando un sueño de miedo llegara, ella podía imaginar que le ponía un gorro de colores al monstruo, o que lo hacía muy pequeñito, del tamaño de una hormiga. Así, el sueño ya no mandaría sobre ella.

Mara lo intentó. Y aunque esa noche apareció una nube oscura en su sueño, Mara le puso un moño rosado en la cabeza. La nube se veía tan graciosa que Mara se echó a reír dentro del sueño mismo.

A la mañana siguiente voló hasta donde estaba Quelina y la abrazó con sus alas suaves.

—Funcionó —dijo Mara, feliz—. Le puse un moño y ya no me dio miedo.

Quelina brilló de nuevo, esta vez con más fuerza, porque había aprendido algo hermoso: a veces, el miedo solo necesita que alguien lo escuche para hacerse más pequeño.

💛 QUELINA NOS DICE...

Los sueños de miedo son mensajes de tu corazón, y cuando los escuchas con calma, pierden su poder.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Antes de dormir, pregúntale a tu hijo si tiene algún miedo o algo que lo preocupe, y escúchalo sin interrumpirlo. Paso 2: Juntos, inventen un nombre gracioso o un disfraz divertido para ese miedo, como ponerle un sombrero o hacerlo muy pequeñito con las manos. Paso 3: Dile que si ese miedo aparece en un sueño, él o ella tiene el poder de cambiar el cuento, porque en sus sueños mandan ellos.

← AnteriorSiguiente →
Los monstruos de lana que Mara soñaba
0:00/0:00
0.0s