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Quelina

El huevo roto y la gallina que aprendió

errores aprender

na mañana soleada, Quelina caminaba despacio por el Valle Esmeralda, mirando las florecitas moradas que crecían entre las piedras. De pronto, escuchó un llanto suave que venía detrás de un árbol grande.

Ahí estaba Clarina, una gallina de plumas anaranjadas, con los ojos muy rojos de tanto llorar. A sus pies, los pedazos de un huevo pequeño descansaban sobre la tierra.

—¿Qué pasó, Clarina? —preguntó Quelina con voz dulce.

—Tropeé y lo rompí —dijo la gallina entre sollozos—. Era mi huevo favorito. Lo estaba cuidando con tanto amor y ahora está roto por mi culpa. Soy muy tonta.

Quelina se sentó a su lado sin apurarse. Miró los pedazos del huevo y luego miró a Clarina.

—¿Querías romperlo? —preguntó Quelina.

—¡Claro que no! —respondió la gallina sorprendida.

—Entonces no fuiste tonta —dijo Quelina suavemente—. Solo tuviste un accidente.

En ese momento llegó Mara, la mariposa, revoloteando entre los rayos del sol.

—¿Qué sucede aquí? —preguntó posándose sobre una ramita cercana.

Clarina le contó todo. Mara escuchó con mucha atención y luego abrió sus alas de colores.

—Yo también tuve un error grande una vez —dijo Mara—. Cuando era oruga, intenté tejer mi capullo demasiado rápido y se deshizo tres veces. Lloré mucho. Pero en el cuarto intento, lo hice mejor que nunca.

Clarina parpadeó.

—¿De verdad? —preguntó.

—De verdad —confirmó Mara—. Los errores a veces nos enseñan cosas que ninguna otra cosa puede enseñarnos.

Quelina sintió algo cálido dentro de ella. Pensó en todas las veces que había tropezado, que había olvidado algo o que había hecho las cosas al revés. Y recordó que siempre, después de cada error, había aprendido algo nuevo.

Las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas despertando.

—Clarina —dijo Quelina—, ¿qué harías diferente la próxima vez que cargues un huevo?

La gallina pensó un momento.

—Caminaría más despacio. Y lo sostendría con las dos alas —respondió.

—Eso es exactamente lo que te enseñó este error —dijo Quelina con una sonrisa.

Clarina miró los pedazos del huevo. Esta vez no con tristeza, sino con algo diferente. Como si de repente entendiera que ese huevo roto le había regalado una lección muy valiosa.

—Supongo que —dijo Clarina, y sonrió por primera vez en toda la mañana.

Las tres amigas se sentaron juntas bajo el sol. Mara bailó entre las flores. Quelina cerró los ojos y sintió la brisa. Y Clarina, con el corazón más liviano, ya pensaba en cómo cuidaría su próximo huevo con más calma y más amor.

Equivocarse no significa ser malo. Significa estar aprendiendo.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando cometemos un error y lo miramos con calma, encontramos dentro de él una enseñanza que nos hace más fuertes.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregúntale a tu hijo o hija si recuerda alguna vez que hizo algo sin querer, como derramar agua o romper algo, y cómo se sintió. Escúchale con atención y sin juzgar. Paso 2: Cuéntale tú también un error pequeño que hayas cometido de grande y lo que aprendiste de él, para que sepa que todos nos equivocamos. Paso 3: Juntos dibujen con los dedos en el aire un corazón grande y digan en voz alta: 'Me equivoqué, aprendí y sigo adelante.'

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