El invierno de Quelina y la primavera que siguió
duelo simplen el Valle Esmeralda, junto al camino de piedras suaves, crecía una flor color naranja que Quelina visitaba cada mañana. Se llamaba Solana, y aunque las flores no hablan, Quelina sentía que esa flor la conocía. La saludaba inclinando sus pétalos cuando soplaba la brisa, y brillaba con tanta fuerza que parecía guardar un pequeño sol adentro.
Pero un día, el cielo se volvió gris. El viento trajo frío, y las hojas del Valle comenzaron a caer una por una. Quelina fue al camino de piedras suaves y encontró a Solana inclinada, sus pétalos arrugados y opacos. Al día siguiente, la flor ya no estaba.
Quelina se quedó mirando la tierra vacía durante mucho tiempo. Sentía algo pesado en el pecho, como si alguien hubiera puesto una roca pequeña justo ahí adentro. No tenía ganas de caminar, ni de comer, ni de escuchar los cuentos del Gran Roble Sabio.

“El cuento continúa… 🌙”
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Despedirse de algo querido duele, pero ese amor que sentimos nunca desaparece: se transforma en fuerza y nos acompaña siempre.
1. Siéntense juntos y pidan al niño que recuerde algo o alguien que extrañe: una mascota, un lugar, una persona. Invítenlo a describirlo con palabras amables y cariñosas. 2. Busquen una piedra pequeña en el jardín o en la calle, y decórenla juntos con colores que recuerden a eso que extrañan. 3. Coloquen la piedra en un lugar especial de la casa, y cuéntense una cosa bonita que esa persona, animal o lugar les dejó en el corazón.





