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Quelina

La luciérnaga que apagó su luz en el escenario

nervios actuacion

sa tarde, todo el Valle Esmeralda olía a flores y emoción. Era el Festival de las Estrellas, la noche más brillante del año. Los animales del valle se reunían cada temporada para compartir sus talentos bajo el Gran Roble Sabio, y este año Lumo, la pequeña luciérnaga, había prometido iluminar el escenario con su luz más hermosa.

Pero cuando llegó la hora, Lumo se quedó paralizada detrás de una hoja grande y verde.

—No puedo —susurró con voz temblorosa—. Hay demasiados ojos mirando. ¿Y si mi luz sale fea? ¿Y si se ríen de mí?

Y entonces, como si sus propios miedos le hubieran hecho un truco, su lucecita parpadeó... y se apagó.

Quelina, que estaba cerca acomodando su lugar en la primera fila, escuchó el susurro de su amiga. Se acercó despacio, con su paso tranquilo de tortuga.

—Lumo, ¿estás bien? —preguntó con ternura.

—Mi luz se fue —dijo Lumo, mirando su barriguita oscura—. Creo que tengo miedo.

Quelina asintió con calma.

—Yo también he sentido eso. Una vez, antes de contarle una historia al Gran Roble, sentí que mis palabras se escondían dentro de mí. Como si no quisieran salir.

—¿Y qué hiciste? —preguntó Lumo, curiosa.

—Respiré muy despacio —dijo Quelina—. Y me acordé de por qué quería hacerlo. No pensé en los demás. Pensé en lo mucho que me gustaba contar esa historia.

Lumo cerró los ojos. Recordó lo que sentía cuando volaba sola por el bosque y encendía su luz sin que nadie la viera. La felicidad que le llenaba el pecho. Lo mucho que le gustaba brillar, simplemente porque sí.

Respiro una vez. Dos veces. Tres.

Y entonces... un tenue destello amarillo apareció en su barriguita.

—¡Está volviendo! —exclamó Lumo, abriendo los ojos.

Quelina sonrió, y las espirales doradas de su caparazón brillaron suavemente en la oscuridad del atardecer.

—El miedo no te quitó tu luz, Lumo. Solo la asustó un poco. Pero tu luz es tuya, y siempre vuelve.

Cuando Lumo subió al escenario, sus alas temblaban apenas un poquito. Respiró, pensó en el bosque, pensó en lo que amaba... y encendió su luz.

El Valle Esmeralda se iluminó de un dorado cálido y suave. Mara batió sus alas de alegría. Pino golpeó el suelo con sus patitas. Río saltó en el arroyo cercano, haciendo brillar el agua.

Y Lumo, desde el escenario, descubrió algo importante: el miedo había estado ahí, sí. Pero ella había brillado de todas formas.

💛 QUELINA NOS DICE...

El miedo puede hacer temblar tu luz, pero no puede apagarla si tú recuerdas por qué brillas.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregúntale a tu hijo si alguna vez ha sentido nervios antes de hacer algo importante, y escúchalo con calma sin juzgarlo. Paso 2: Practiquen juntos respirar despacio tres veces, imaginando que con cada respiración encienden una lucecita dentro del pecho. Paso 3: Pídele que piense en algo que le gusta mucho hacer y que diga en voz alta: 'Yo puedo brillar aunque tenga miedo'.

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La luciérnaga que apagó su luz en el escenario
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