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Quelina

El castor y el nuevo río sin mapas

miedo al cambio

n el Valle Esmeralda vivía un castor llamado Damo. Damo era el mejor constructor del valle: sabía exactamente dónde estaba cada piedra, cada rama y cada remolino de su río. Lo conocía tan bien que caminaba por sus orillas con los ojos cerrados.

Pero un día, después de una gran lluvia, la represa de Damo se rompió. El agua encontró un camino nuevo, más lejos, hacia un lugar que Damo nunca había visitado. Los demás animales le dijeron que ese nuevo río era precioso, lleno de árboles altos y piedras perfectas para construir.

Sin embargo, Damo se quedó quieto en la orilla de su río viejo, ahora casi seco. Cruzó los brazos, frunció el hocico y dijo muy serio: —No voy. Allá no dónde están las cosas. Allá todo es diferente.

Quelina llegó caminando despacio, como siempre. Junto a ella nadaba Río, que había venido siguiendo la corriente nueva hasta ese lugar.

—¿Qué pasa, Damo? —preguntó Quelina con su voz suave.

—Que tengo miedo —respondió el castor, y bajó la cabeza—. El río nuevo no tiene mapa. No cómo es. Y si no cómo es, no si podré construir allí.

Río asomó la cabeza y dijo con alegría: —¡Yo tampoco conocía ese río esta mañana, Damo! Pero lo fui descubriendo mientras nadaba. Encontré una piedra redonda justo donde el agua dobla. Y más adelante, un árbol caído lleno de peces pequeños. ¡Fue como abrir un regalo!

Damo lo miró con desconfianza. —Pero eres pez. Nadar en un río nuevo es fácil para ti.

Quelina sonrió y se acercó un poco más. —Yo también conozco ese miedo, Damo. Cuando llegué por primera vez al Valle Esmeralda, no sabía nada de aquí. No conocía a nadie, no sabía dónde estaban las flores ni los caminos. Fue difícil al principio.

—¿Y qué hiciste? —preguntó el castor.

—Caminé un pasito. Solo uno. Y desde ahí vi un poco más. Luego otro pasito. Y así fui conociendo todo.

Damo pensó. Miró el río seco a sus pies. Luego miró hacia donde nacía el sonido del agua nueva.

—¿Me acompañas? —le preguntó a Quelina.

—Claro que —respondió ella.

Caminaron juntos. Cuando Damo vio por primera vez el río nuevo, sus ojos se abrieron grandes. El agua era clara y cantaba entre las piedras. Los árboles eran altos y llenos de ramas útiles. Y había, justo en el centro, un lugar perfecto para una represa nueva.

—Es... diferente —dijo Damo en voz baja. Y luego, poco a poco, apareció una sonrisa—. Pero creo que puedo quererlo.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron suavemente bajo el sol.

Damo construyó su nueva represa. Y cada vez que un animal del valle le preguntaba cómo era vivir en un lugar nuevo, él respondía con orgullo: —Al principio da miedo. Pero los lugares nuevos también se pueden volver hogar.

💛 QUELINA NOS DICE...

Lo desconocido no siempre es peligroso: a veces es solo un lugar nuevo esperando convertirse en hogar.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

1. Pregunta a tu hijo: '¿Hubo alguna vez que fuiste a un lugar nuevo y te sentiste nervioso? ¿Cómo te fue después?' Escucha sin interrumpir y valida lo que sintió. 2. Juntos, piensen en UN lugar nuevo que hayan visitado y encuentren algo bueno que recuerden de ese lugar, por pequeño que sea. 3. Dibujen con los dedos en el aire cómo sería su propio 'río nuevo favorito', con todo lo que les gustaría encontrar allí.

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El castor y el nuevo río sin mapas
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