← Tomo 223 / 33
Quelina

Cuando Río defendió al pez más pequeño

valentia defender amigo

n el arroyo cristalino del Valle Esmeralda vivía Río, un pez plateado de aletas largas que nadaba más rápido que el viento. A Río le encantaba dar vueltas entre las piedras redondas y saltar sobre las burbujas del agua.

Un día, mientras Río descansaba cerca de las raíces del Gran Roble Sabio que llegaban hasta el fondo del arroyo, escuchó un sonido extraño. Era una voz pequeñita, casi como un susurro húmedo. Siguió el sonido con cuidado y encontró a Gotita, un pez diminuto de escamas azules, escondido detrás de una piedra verde.

—¿Qué te pasa, Gotita? —preguntó Río suavemente.

—Es que los peces grandes dicen que soy demasiado pequeño para nadar con ellos —respondió Gotita con la voz temblorosa—. Me salpican agua en la cara y se ríen de mí.

Río sintió algo raro en su panza. Era una mezcla de tristeza y de un cosquilleo caliente. No le gustó nada lo que escuchó.

Justo en ese momento, tres peces grandes aparecieron nadando muy rápido y formando olas enormes. Cuando vieron a Gotita, empezaron a reírse.

—¡Miren, ahí está el pececito de nada! —dijo el más grande—. ¡Este arroyo es para peces de verdad!

El corazón de Río latió muy fuerte. Tenía miedo. Los otros peces eran más grandes que él. Pensó en alejarse nadando, en hacerse el que no vio nada. Pero entonces miró a Gotita, que temblaba detrás de su piedra, y algo dentro de Río se puso muy firme.

—¡Paren! —dijo Río con una voz clara, nadando hacia el frente—. Gotita tiene todo el derecho de estar aquí. Este arroyo es de todos.

Hubo un silencio largo. Los peces grandes lo miraron sorprendidos. Nadie les había hablado así antes.

—Gotita nada con fuerza y con alegría —continuó Río—. El tamaño no decide quién vale más.

Los peces grandes se miraron entre sí, sin saber qué decir. Luego, sin una sola palabra más, se fueron nadando hacia otro lugar del arroyo.

Gotita salió despacio de detrás de la piedra. Tenía los ojos brillantes.

—Gracias, Río —dijo casi sin voz—. Nadie nunca había hecho eso por mí.

Río sintió que sus aletas se relajaban. El cosquilleo caliente de antes se había convertido en algo cálido y tranquilo.

Esa tarde, Quelina pasó por el arroyo con sus amigos Lumo y Mara. Río les contó lo que había pasado. Quelina lo escuchó con atención, y de pronto, las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar suavemente.

—¿Por qué brillan? —preguntó Gotita, maravillado.

—Brillan cuando alguien aprende algo importante —explicó Quelina con una sonrisa—. Y hoy Río nos enseñó a todos que ayudar a un amigo, aunque miedo, hace que el corazón se sienta enorme.

Río miró su propio reflejo en el agua y sonrió. No era el pez más grande del arroyo. Pero ese día, había sido el más valiente.

💛 QUELINA NOS DICE...

Defender a un amigo cuando lo necesita es uno de los actos más valientes y más hermosos que existe.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregunta a tu hijo o hija: '¿Alguna vez viste que alguien molestara a otro niño? ¿Cómo te sentiste?' Escucha con calma sin interrumpir. Paso 2: Juntos, piensen en una cosa sencilla que se puede decir o hacer para ayudar a alguien que está siendo tratado mal, como acercarse, decir 'no está bien' o buscar a un adulto. Paso 3: Practiquen esa situación jugando: uno hace de Río y el otro de Gotita, y luego cambien los roles para que ambos sientan cómo se siente defender y ser defendido.

← AnteriorSiguiente →
Cuando Río defendió al pez más pequeño
0:00/0:00
0.0s