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Quelina

El pingüino entre los patos del gran lago

miedo ser diferente

n día, a orillas del Gran Lago del Valle Esmeralda, apareció alguien que nadie había visto antes. Era pequeño, de plumas negras y blancas, con una barriga redonda y una forma muy particular de caminar: de un lado a otro, como si el suelo fuera siempre un poco resbaloso.

Se llamaba Polo, y era un pingüino.

Los patos del lago lo miraron con curiosidad. Ellos tenían plumas de colores, podían volar alto y nadar con sus patas anaranjadas muy rápido. Polo, en cambio, no podía volar. Y cuando intentó nadar junto a ellos, los patos se alejaron riendo porque su manera de moverse en el agua era completamente distinta.

Polo salió del lago despacio. Se sentó solo bajo un árbol y bajó la cabeza. Sentía algo pesado en el pecho, como una piedra fría.

—¿Por qué me ves tan triste? —preguntó una voz suave.

Era Quelina, la pequeña tortuga, que había llegado caminando sin prisa por la orilla.

—Porque soy diferente a todos —dijo Polo con voz bajita—. No vuelo como los patos. No me veo como ellos. No soy como nadie aquí.

Quelina se sentó a su lado. Conocía muy bien ese sentimiento.

—Yo tampoco soy como los demás —dijo ella—. Camino lento, cargo mi casa en la espalda y me meto dentro cuando tengo miedo. ¿Eso me hace menos yo?

Polo pensó un momento y negó con la cabeza.

En ese instante llegó Mara, la mariposa, revoloteando con sus alas pintadas de naranja y azul.

—¡Polo! —exclamó—. ¡Acabo de verte nadar desde arriba! ¡Nunca había visto a nadie nadar tan profundo y tan rápido! ¡Los patos no pueden llegar donde llegaste!

Polo parpadeó sorprendido.

—¿De verdad?

—¡De verdad! —dijo Mara batiendo las alas con emoción—. Y además, ¿cómo haces para no resbalar sobre el hielo? Los patos me contaron que caminabas sobre una piedra muy lisa sin caerte ni una sola vez.

Polo comenzó a recordar todo lo que él podía hacer. Podía nadar más profundo que nadie. Podía caminar sobre superficies resbalosas. Podía aguantar el frío mejor que cualquier otro animal del lago.

Era diferente, sí. Pero diferente no significaba menos.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas encendidas bajo el sol de la tarde.

—¿Ves ese brillo? —le dijo Quelina a Polo con una sonrisa—. Sucede cuando aprendo algo importante. Y hoy aprendí contigo que ser diferente es tener algo que nadie más tiene.

Polo se puso de pie. Su barriga redonda se infló con una respiración grande y profunda.

Caminó de regreso al lago, con su paso particular, de un lado a otro. Y esta vez, no sintió vergüenza. Sintió que ese era su paso. Su manera. Su historia.

Se lanzó al agua y nadó tan hondo, tan libre y tan veloz, que hasta los patos se quedaron mirando con asombro desde la orilla.

💛 QUELINA NOS DICE...

Ser diferente no es un error, es el nombre especial que tiene tu magia.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregunta a tu hijo o hija: '¿Qué es algo que tú haces de una manera diferente a los demás?' Escucha con atención y sin interrumpir. Paso 2: Cuéntale tú también algo en lo que eres diferente o especial, para que sepa que todos lo somos. Paso 3: Juntos, dibujen con las manos en el aire el animal que cada uno elegiría ser si pudiera, y expliquen por qué lo escogieron.

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El pingüino entre los patos del gran lago
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