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Quelina

Quelina y el tropiezo que fue su maestra

valentia ante errores

n el Valle Esmeralda, el Puente de Piedras era famoso por ser resbaladizo y difícil de cruzar. Todos los animales lo conocían, pero pocos se atrevían a intentarlo sin antes practicar mucho.

Un día brillante y ventoso, Quelina decidió que era su momento. Había observado cómo Mara la mariposa cruzaba volando sin esfuerzo, y pensó: «Yo también puedo hacerlo. Hoy será mi día».

Con mucha seguridad, Quelina puso su primera pata sobre la primera piedra. Luego la segunda. Luego la tercera. Pero al llegar a la cuarta, su patita resbaló sobre el musgo mojado y —¡plaf!— cayó de panza directamente al barro.

Quelina no se lastimó, pero tenía barro en la nariz, en las orejas y hasta en las cejas. Lumo, que pasaba por ahí buscando flores, la vio y se acercó volando rápidamente.

—¿Estás bien, Quelina? —preguntó Lumo con voz suave.

Quelina sintió que las mejillas le ardían de vergüenza. Quería esconderse dentro de su caparazón y no salir nunca más. Pero respiró hondo y respondió con voz pequeña:

—Sí... solo me caí. Pero qué tonta me sentí.

—¿Tonta? —Lumo parpadeó sorprendido—. Yo te vi valiente. Muy, muy valiente.

—¿Valiente? ¡Caí en el barro frente a todo el mundo! —dijo Quelina, limpiándose la nariz.

Lumo se posó suavemente sobre una piedra y la miró a los ojos.

—Quelina, yo llevo semanas queriendo cruzar ese puente y todavía no lo intento. lo intentaste hoy. Eso no es una torpeza... eso es valentía.

Quelina lo miró en silencio. Lumo tenía razón. Ella había intentado algo difícil. Y el intento, aunque terminó en barro, había sido completamente suyo.

—Pero me caí —repitió ella, más suave esta vez.

—Todos se caen —dijo Lumo—. El Gran Roble Sabio también fue una bellota pequeña que cayó al suelo antes de convertirse en árbol.

En ese momento, algo cálido comenzó a brillar en el caparazón de Quelina. Las espirales doradas resplandecieron con una luz suave y constante, como si su caparazón también hubiera entendido algo importante.

Quelina miró su reflejo en el agua. Tenía barro, sí. Pero también tenía una sonrisa.

—Voy a intentarlo otra vez —dijo, enderezando el cuello con calma—. Pero primero voy a fjarme bien en dónde pongo las patas.

Y así lo hizo. Con pasos lentos y atentos, piedra por piedra, Quelina cruzó el Puente de Piedras hasta el otro lado.

No lo hizo perfecta. Tambaleó dos veces. Pero llegó.

Y cuando pisó la orilla, sus espirales doradas brillaron tan fuerte que Lumo tuvo que cerrar los ojos un momento.

—Lo sabía —dijo él, sonriendo.

Quelina sonrió también. Había aprendido que caerse no significa fracasar. Significa que uno lo intentó, y que intentarlo siempre vale la pena.

💛 QUELINA NOS DICE...

Caerse no es el final del camino; es la parte del camino donde uno aprende a caminar mejor.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregúntale a tu hijo o hija si alguna vez intentó algo difícil y no le salió bien la primera vez, y escucha su respuesta con atención y sin interrumpir. Paso 2: Cuéntale tú también un momento en que te equivocaste o tropezaste, y cómo lo intentaste de nuevo. Paso 3: Juntos, piensen en algo que les gustaría intentar esta semana, aunque parezca difícil, y dense un abrazo como señal de que se acompañan en el intento.

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Quelina y el tropiezo que fue su maestra
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