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Quelina

Las palabras que lastimaban a Oso Pequeño

bullying inicial

na mañana, Quelina encontró a Oso Pequeño sentado solo junto al arroyo. Tenía la cabeza inclinada y los ojos brillosos, como si estuviera a punto de llorar.

—¿Qué te pasa, Oso Pequeño? —preguntó Quelina con voz suave.

—Los Cuervos del Pico Norte me dijeron que camino muy chistoso —respondió él con un hilo de voz—. Se rieron de frente a todos. Ahora no quiero salir más de mi cueva.

Quelina se quedó quieta un momento. Sabía muy bien cómo duelen esas palabras, las que entran por los oídos y se quedan doliendo dentro del pecho.

—¿Puedo sentarme contigo? —preguntó.

Oso Pequeño asintió. Y allí, juntos, miraron el agua del arroyo.

Poco después llegó Mara, la mariposa, revoloteando entre flores amarillas. Al ver a su amiga y al pequeño oso, se posó delicadamente sobre una piedra cercana.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Mara.

Cuando Oso Pequeño le contó, Mara abrió muy despacio sus alas de colores y dijo:

—¿Sabes? Antes de ser mariposa, yo era una oruga. Todos me decían que era lenta y aburrida. Esas palabras también me lastimaron mucho.

—¿Y qué hiciste? —preguntó Oso Pequeño con curiosidad.

—Aprendí algo importante —dijo Mara—: las palabras crueles son como piedras que alguien tira porque carga un peso muy grande por dentro. Esa piedra no te pertenece a ti.

Oso Pequeño frunció el ceño, pensando.

—¿Quieres decir que la tristeza es de ellos, no mía?

—Exacto —dijo Quelina, y en ese instante las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas despiertas—. Sus palabras no son la verdad sobre ti. eres valioso, curioso y tienes un corazón enorme.

Oso Pequeño levantó la cabeza lentamente.

—Pero igual duele —dijo con honestidad.

—Sí, duele —respondió Quelina sin dudar—. Y está bien decirlo. Lo importante es no guardar ese dolor solo. Puedes contárselo a alguien que te quiera.

—Como me lo estás contando ahora a nosotras —agregó Mara con ternura.

Oso Pequeño respiró hondo. El nudo que tenía en el pecho seguía ahí, pero ya era un poco más pequeño.

—¿Caminaremos juntos hacia el Gran Roble? —preguntó Quelina.

Oso Pequeño pensó un segundo. Luego se puso de pie y caminó. A su manera, con su paso propio, balanceándose un poquito de un lado al otro.

Y nadie se rió. Porque sus amigos caminaban junto a él.

Al llegar al Gran Roble, Oso Pequeño miró su reflejo en el pequeño charco que había entre las raíces. Se vio tal como era: pequeño, sí, pero entero. Y por primera vez en ese día, sonrió.

💛 QUELINA NOS DICE...

Las palabras crueles no dicen quién eres tú, sino que quien las dice necesita ayuda; cuéntale siempre a alguien de confianza cuando algo te lastime.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregúntale a tu hijo si alguna vez alguien le dijo algo que lo hizo sentir triste, y escúchalo sin interrumpir. Paso 2: Juntos, digan en voz alta tres cosas bonitas y verdaderas sobre él o ella, mirándose a los ojos. Paso 3: Abrázcense fuerte y díganle: 'Si alguien te lastima con palabras, siempre puedes contármelo. Aquí estoy.'

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Las palabras que lastimaban a Oso Pequeño
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