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Quelina

La foca Copo y el lago que daba miedo

miedo agua

n la orilla del lago esmeralda vivía una pequeña foca llamada Copo. Tenía el pelaje blanco como la nieve y unos ojos redondos y brillantes. Todos los días miraba el agua desde la orilla, pero nunca, nunca entraba.

—¿Por qué no nadas, Copo? —le preguntó Quelina una mañana, acercándose despacio con su caparazón de espirales doradas.

Copo bajó la mirada y susurró:

—Porque el lago es muy grande... y no qué hay adentro. Me da miedo.

Quelina asintió con ternura. Ella también había sentido miedo antes de aprender a cruzar el puente de piedras. Sabía muy bien cómo se sentía ese nudo en la panza.

—¿Quieres que te presentemos al lago? —propuso una voz suave.

Era Río, el pececillo anaranjado, que asomó su cabecita justo en la orilla.

—Yo vivo aquí dentro —dijo Río con una sonrisa—. Y te puedo contar todo lo que hay: piedras suaves, plantas verdes, burbujas que hacen cosquillas y mucha, mucha luz cuando el sol entra al agua.

Copo escuchó con atención. Las palabras de Río pintaron el lago de colores en su imaginación. Ya no parecía tan oscuro.

—¿Y si meto solo una patita? —preguntó Copo en voz muy bajita.

—¡Eso es una idea brillante! —dijo Quelina.

Copo respiró hondo. Con mucho cuidado, tocó el agua con la punta de una aleta. El lago estaba fresco y suave, como abrazar una nube fría.

—¡Se siente bien! —exclamó Copo, sorprendida.

—Ahora las dos —animó Río, nadando en pequeños círculos cerca de la orilla.

Copo metió las dos aletas. El agua la abrazó despacio. Luego dio un pasito más, y otro, y de repente estaba dentro del lago, flotando como una hoja en el viento.

—¡Estoy adentro! —gritó Copo con una risa enorme.

En ese momento, las espirales del caparazón de Quelina se iluminaron con un brillo dorado cálido. Acababa de aprender algo importante: el miedo no desaparece de un salto; se va poco a poco, con cada pasito valiente que damos.

Copo chapoteó, giró y jugó con Río entre las plantas verdes. El lago, tan grande y tan temido, ahora era su lugar favorito en todo el Valle Esmeralda.

Al caer la tarde, Copo salió del agua feliz y mojada. Se acercó a Quelina y le dijo:

—Gracias por no empujarme. Gracias por esperar mis pasitos.

Quelina sonrió y respondió:

—Tus pasitos eran los únicos que podían llevarte adentro, Copo. Y los diste solita.

💛 QUELINA NOS DICE...

El miedo se hace más pequeño cuando te acercas a él de a poquito, un pasito valiente a la vez.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntate con tu hijo y pregúntale si hay algo que le dé un poquito de miedo, como el agua, la oscuridad o algo nuevo. Escúchalo con calma y sin minimizar lo que siente. Paso 2: Juntos, piensen en un 'pasito pequeñísimo' que podría dar para acercarse a ese miedo, igual que Copo metió primero solo una aleta. Paso 3: Celebren ese pasito con un abrazo grande y digan en voz alta: '¡Eres valiente, y yo estoy contigo!'

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La foca Copo y el lago que daba miedo
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