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Quelina

El puercoespín rosa en el bosque de los azules

diversidad apariencia

l otro lado del Valle Esmeralda, entre árboles altos y flores de color lavanda, vivía un grupo de puercoespines azules. Sus púas eran de un azul tan brillante como el cielo de verano, y todos en ese bosque tenían ese mismo color hermoso.

Un día, Pino llegó a ese bosque buscando bayas silvestres. Pino era el amigo de Quelina, y sus púas eran de un color rosa suave, como los pétalos de las rosas del jardín. Tan pronto como entró al bosque, los puercoespines azules lo miraron con ojos muy abiertos.

—¿Por qué eres rosa? —preguntó uno de ellos—. Aquí todos somos azules.

Pino bajó la cabeza. Nunca antes había pensado tanto en su color. En el Valle Esmeralda, nadie le decía nada sobre sus púas rosas. Pero allí, en ese bosque, se sentía diferente de una manera que le hacía sentir un nudo en la panza.

Se sentó debajo de un árbol y no supo qué decir.

Fue entonces cuando Quelina llegó trotando por el camino. Había salido a buscar a su amigo, porque en el Valle Esmeralda todos se cuidaban entre sí.

—¡Pino! Te encontré —dijo Quelina con una sonrisa. Luego miró a los puercoespines azules y saludó con gentileza—. Hola a todos. Soy Quelina.

—Tu amigo es muy raro —dijo uno de los puercoespines azules—. No es del color correcto.

Quelina pensó un momento. Entonces dijo algo sencillo y tranquilo:

—¿Del color correcto? Hmm. En el Valle Esmeralda vivo yo, que soy verde. Lumo es amarillo. Mara tiene mil colores. Río es plateado. Y Pino es rosa. Todos somos distintos, y todos somos amigos.

Los puercoespines azules se miraron entre ellos. Nunca habían pensado en eso.

—Pero nosotros nunca habíamos visto el color rosa de cerca —dijo el más pequeño del grupo, con curiosidad genuina.

—Pues ahora —respondió Pino, levantando la cabeza poco a poco—. Y yo nunca había visto tantos azules juntos. La verdad es que son muy bonitos.

El puercoespín pequeño sonrió.

—El tuyo también es bonito —dijo—. Es como las flores de la entrada del bosque.

Pino sintió que el nudo en la panza desaparecía. Y en ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron suavemente, como pequeñas estrellas que se encienden al atardecer.

Quelina no dijo nada. Solo sonrió, porque sabía que algo importante acababa de suceder: Pino había recordado que ser diferente no significa estar equivocado.

Esa tarde, los puercoespines azules y el puercoespín rosa jugaron juntos entre los árboles. Y el bosque, que antes era solo azul, se llenó también de un alegre destello rosa que hacía todo más colorido y más vivo.

💛 QUELINA NOS DICE...

Ser diferente no significa estar equivocado; significa que el mundo tiene un color más.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pídele a tu hijo o hija que dibuje a Pino y a los puercoespines azules juntos en el bosque, usando los colores que quiera. Paso 2: Pregúntale qué le gusta de cada color que dibujó y escucha con atención lo que responde. Paso 3: Cuéntense uno al otro algo que los hace diferentes a los demás y celebren esa diferencia con un abrazo.

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El puercoespín rosa en el bosque de los azules
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