← Tomo 312 / 33
Quelina

El amigo que se movía distinto que todos

inclusion discapacidad

n día, mientras Quelina paseaba por la orilla del río que bordeaba el Valle Esmeralda, escuchó un sonido suave entre las piedras. Era como un pequeño golpeteo, rítmico y curioso.

Al acercarse, encontró a un cangrejo pequeño de color anaranjado. Tenía ojos redondos y brillantes, y dos pinzas que sostenía con mucha delicadeza. Pero lo que más llamó la atención de Quelina fue que caminaba hacia los lados, nunca hacia adelante.

—Hola —dijo Quelina con una sonrisa—. Soy Quelina. ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Coral —respondió el cangrejo en voz muy baja—. que me muevo raro. Todos me lo dicen.

Quelina lo miró con atención. Coral avanzaba con pasos seguros y precisos, aunque en dirección diferente a la de los demás animales del Valle.

—¿Raro? —preguntó Quelina, inclinando la cabeza—. Yo te veo moviéndote muy bien.

En ese momento llegó Mara, la mariposa, revoloteando con sus alas de colores. Al ver a Coral, sonrió y batió sus alas con alegría.

—¡Qué movimiento tan elegante! —exclamó Mara—. Yo vuelo en zigzag cuando el viento sopla fuerte. Cada uno tiene su propio camino.

Coral las miró sorprendido. Nadie le había dicho eso antes.

—En mi antiguo estanque —dijo Coral con tristeza—, los peces nadaban recto y rápido. Y yo... yo llegaba por los lados. Se reían de y yo me escondía entre las rocas.

Quelina sintió algo cálido en el pecho. Pensó en lo difícil que debía ser querer jugar y quedarse solo por ser diferente.

—Coral —dijo Quelina suavemente—, ¿puedes llegar hasta aquel árbol?

—Sí —respondió él, algo inseguro.

—¿Puedes cargar cosas con tus pinzas?

—Sí, eso puedo hacerlo muy bien.

—¿Puedes ser amigo?

Coral abrió los ojos bien grandes. Luego asintió despacio.

—Eso es lo único que necesitamos —dijo Quelina, y en ese instante las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas despertando.

Mara aplaudió con sus alas. Y Coral, por primera vez en mucho tiempo, caminó hacia los lados sin esconderse, con la cabeza en alto.

Juntos los tres recorrieron la orilla del río. Quelina caminaba despacio, Mara volaba en zigzag y Coral avanzaba de lado. Nadie iba igual que el otro, y aun así llegaron al mismo lugar.

Al atardecer, sentados bajo el Gran Roble Sabio, Coral dijo algo que ninguno olvidaría:

—Creo que no necesitaba aprender a moverme diferente. Necesitaba amigos que vieran bien cómo me muevo.

Quelina sonrió. El caparazón brilló una vez más. Y el Valle Esmeralda tuvo un nuevo amigo anaranjado que caminaba hacia los lados, y era absolutamente perfecto así.

💛 QUELINA NOS DICE...

Moverse distinto no es moverse mal: cada uno tiene su propio camino, y todos los caminos merecen respeto.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregunta a tu hijo cómo camina una tortuga, cómo vuela una mariposa y cómo se mueve un cangrejo, e imiten juntos cada movimiento con el cuerpo. Paso 2: Cuéntense uno al otro algo que hacen a su manera especial, diferente a como lo hacen los demás. Paso 3: Díganse mutuamente: 'Me gusta cómo tú eres', y dense un abrazo.

← AnteriorSiguiente →
El amigo que se movía distinto que todos
0:00/0:00
0.0s