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Quelina

El festival de todos los animales del mundo

diversidad cultural

n día, mientras Quelina caminaba junto al Gran Roble Sabio, encontró un mensaje enrollado en una hoja verde. Lo abrió con cuidado y leyó: «Invitamos a todos los animales del mundo al Gran Festival del Valle Esmeralda. Vengan tal como son».

Quelina sintió un cosquilleo de emoción en las patas. Corrió a buscar a sus amigos para preparar todo juntos.

Mara revoloteó feliz y propuso decorar el Valle con flores de todos los colores. Lumo dijo que encendería sus lucecitas para iluminar el camino de noche. Pino, un poco tímido al principio, ofreció preparar frutos secos para compartir. Y Río prometió hacer que el agua del arroyo cantara una melodía suave de bienvenida.

Cuando llegó el día del festival, el Valle Esmeralda se llenó de visitantes como nunca antes. Llegaron flamencos rosados del sur, que bailaban apoyándose en una sola pata. Llegaron osos polares del norte, envueltos en pieles gruesas y blancas, que reían a carcajadas con todo. Llegaron monos de las selvas lejanas, que saludaban trepándose a las ramas y haciendo piruetas. Y llegaron tortugas del desierto, primas lejanas de Quelina, con caparazones de colores tierra y arena.

Quelina quiso saludar a todos, pero al acercarse a los osos polares notó que su forma de saludar era un gran abrazo con los dos brazos extendidos. Ella no podía hacer eso tan fácilmente con sus patas cortas. Se puso un poco nerviosa.

—¿Y si no cómo saludarlos bien? —le susurró a Mara.

Mara sonrió y le dijo suavemente: —No importa cómo lo hagas, Quelina. Lo que importa es que lo hagas con el corazón.

Quelina respiró hondo y se acercó al oso polar más grande. Extendió sus dos patitas lo mejor que pudo y dijo: —¡Bienvenido al Valle Esmeralda!

El oso se agachó, la miró con ojos brillantes y respondió con una voz enorme y tierna: —¡Gracias, pequeña! Ese fue el abrazo más bonito que he recibido en mucho tiempo.

Desde ese momento, el festival fue una fiesta de sorpresas. Los flamencos enseñaron su baile de una pata y Pino, con mucho esfuerzo y muchas risas, intentó imitarlos. Los monos prepararon frutas dulces que nadie conocía. Las tortugas del desierto compartieron una danza lenta y silenciosa que hacía sentir calma por dentro.

Quelina probó todo, aprendió todo y escuchó todo. Y en cada momento nuevo, las espirales doradas de su caparazón brillaban un poco más, como pequeñas estrellas que se encendían una a una.

Al caer la tarde, cuando Lumo iluminó el Valle con su luz suave, todos los animales del mundo se sentaron juntos a escuchar el canto del arroyo. Nadie era igual. Nadie hablaba igual. Nadie comía igual. Y aun así, todos sonreían igual.

Quelina miró a su alrededor y pensó: «Qué aburrido sería el mundo si todos fuéramos iguales».

Y el Gran Roble Sabio, que lo había visto todo desde el centro del Valle, movió sus ramas con el viento como si estuviera aplaudiendo.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando abrimos el corazón a quienes son diferentes a nosotros, el mundo se vuelve más grande, más colorido y más lleno de alegría.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pídele a tu hijo o hija que piense en algún amigo, compañero o familiar que tenga una costumbre o tradición diferente a la de ustedes, como una comida especial, una canción o una forma de saludar. Paso 2: Juntos, imaginen cómo sería visitar ese lugar o celebrar esa costumbre, y conversen sobre qué les gustaría probar o aprender. Paso 3: Si lo desean, inventen entre los dos un saludo nuevo y especial que combine algo de ustedes con algo de esa otra persona, y practíquenlo juntos con una sonrisa.

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