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Quelina

La carrera que separó a dos buenos amigos

competencia amistad

n el Valle Esmeralda, cuando el sol pintaba el cielo de naranja y rosa, Quelina y Pino decidieron hacer una carrera desde el Gran Roble Sabio hasta la orilla del arroyo plateado.

—¡Yo voy a ganar! —dijo Pino, sacudiendo sus púas con entusiasmo.

—¡Y yo voy a llegar primero! —respondió Quelina, riendo.

Al principio todo era diversión y risas. Pero a mitad del camino, Pino comenzó a correr más rápido y gritó:

—¡Las tortugas siempre son las últimas!

Quelina sintió algo caliente y apretado en el pecho. Sin pensarlo, respondió:

—¡Y los puercoespines no sirven para nada porque pinchan a todos!

Un silencio pesado cayó sobre el valle. Los dos amigos terminaron la carrera sin hablar. Pino llegó primero, pero no celebró. Quelina llegó después, pero no aplaudió. Se sentaron en lados opuestos de la orilla, mirando el agua sin verse.

Lumo, la luciérnaga, había observado todo desde una rama alta. Con su luz suave parpadeando, bajó y se posó entre los dos amigos.

—¿Quién ganó? —preguntó con calma.

—Yo —dijo Pino en voz baja, pero sin sonreír.

—Entonces, ¿por qué ninguno de los dos parece feliz? —preguntó Lumo.

Ninguno supo qué responder. El arroyo seguía su camino tranquilo, como si esperara que ellos también encontraran el suyo.

Quelina miró sus patas. Recordó las palabras que había dicho sobre Pino, y sintió que esas palabras habían sido más filosas que cualquier púa.

—Yo dije algo feo —admitió en voz muy bajita—. Lo siento, Pino. No lo pensé de verdad.

Pino levantó la cabeza. Sus ojitos brillaron un poco.

—Yo también dije algo feo primero —respondió—. No es verdad que las tortugas siempre lleguen de últimas. llegas exactamente cuando debes llegar.

Quelina sintió que el apretón en el pecho se aflojaba poco a poco. Y entonces ocurrió algo hermoso: las espirales doradas de su caparazón comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas despertando.

—¿Qué aprendiste? —le preguntó Lumo, curiosa.

—Que cuando quiero ganar demasiado, puedo hacerle daño a alguien que quiero —respondió Quelina—. Y que eso duele más que perder cualquier carrera.

Pino se acercó despacio y apoyó su cabeza con cuidado sobre el caparazón brillante de su amiga.

—La próxima vez corremos juntos —propuso.

—Y llegamos juntos —aceptó Quelina.

Lumo apagó y encendió su luz tres veces, como si aplaudiera con destellos. El valle volvió a sentirse cálido, y los dos amigos se quedaron mirando el arroyo, hombro con hombro, mientras el cielo se llenaba de las primeras estrellas de la noche.

💛 QUELINA NOS DICE...

Ganar puede durar un momento, pero una amistad verdadera dura toda la vida.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregunta a tu hijo o hija si alguna vez sintió que quería ganar tanto que se enojó con alguien. Escucha con calma y sin juzgar. Paso 2: Juntos, piensen en una carrera o juego donde el objetivo sea que los dos lleguen al mismo tiempo, como caminar tomados de la mano hasta un punto de la casa. Paso 3: Al terminar, pregúntale cómo se sintió llegar juntos, y conversen sobre la diferencia entre competir y compartir.

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