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Quelina

Mara y la oruga nueva que llegó a casa

nuevo bebe familia

na mañana tranquila en el Valle Esmeralda, Mara voló hasta su hoja favorita, la más grande y verde del rosal junto al arroyo. Era el lugar donde siempre descansaba, donde soñaba y donde se sentía más ella misma.

Pero ese día, algo había cambiado.

Sobre la hoja, enrollada en un pequeño capullo de seda, dormía una oruga diminuta con rayas anaranjadas. Su mamá, la señora Ala, estaba junto a ella con una sonrisa enorme.

—¡Mara, ven a conocer a tu nueva hermanita! —dijo su mamá con voz suave y alegre.

Mara se quedó quieta en el aire, con las alas detenidas. Miró a la oruga. Miró su hoja. Y de pronto sintió algo raro en el pecho, algo que no sabía si era tristeza, enojo o simplemente... confusión.

Sin decir nada, Mara voló lejos, hasta el Gran Roble Sabio, donde encontró a Quelina tomando el sol de la mañana.

—Quelina —dijo Mara con la voz pequeña—, hay una oruga nueva en mi hoja. Y ahora mi mamá solo la mira a ella.

Quelina levantó la cabeza despacio y parpadeó con calma.

—¿Y cómo te sientes con eso? —preguntó.

Mara pensó un momento.

—No sé. Como si... como si mi hoja ya no fuera mía. Como si yo ya no fuera tan importante.

Quelina asintió sin apresurarse. Luego dijo:

—¿Sabes qué pasa cuando llega la primavera y brotan flores nuevas en el valle?

Mara arrugó las antenas.

—¿Qué pasa?

—Que las flores viejas no desaparecen —respondió Quelina con ternura—. El valle no tiene que elegir. Simplemente... crece. Y hay color para todas.

Mara miró sus propias alas de colores. Pensó en eso.

—¿Y mi mamá? —preguntó en voz muy baja—. ¿También va a crecer su amor?

—Ya creció —dijo Quelina—. Por eso puedes sentirlo desde antes y tu hermanita lo sentirá desde ahora. El amor no se parte en pedazos, Mara. Se estira, como la luz.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron suavemente bajo el sol de la mañana.

Mara se quedó en silencio un instante. Luego, algo adentro de ella se acomodó, como cuando uno suspira después de haber llorado.

Voló de regreso al rosal. Su mamá la vio llegar y abrió sus alas para recibirla.

—Aquí estás, mi Mara —susurró, abrazándola fuerte.

Mara miró a la oruga dormida. Era muy pequeña. Y, aunque todavía no lo entendía del todo, sintió algo nuevo: una chispa de curiosidad.

—¿Cuándo va a abrir los ojos? —preguntó.

Su mamá sonrió.

—Pronto. Y cuando lo haga, serás lo primero que quiera ver.

Mara pensó que quizás ser la hermana mayor tenía algo especial. Y se acomodó junto a su mamá, en la hoja más grande y verde del rosal, que ahora, sin saber bien cómo, parecía aún más grande que antes.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando llega alguien nuevo a la familia, el amor no se divide: crece, y hay lugar para todos.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

1. Pidan a su hijo o hija que dibuje su familia actual con todos sus integrantes, dejando un espacio vacío en el dibujo. 2. Juntos, dibujen o peguen en ese espacio a quien llegará pronto o ya llegó, y hablen sobre cómo se siente cada uno. 3. Al terminar, cada persona del dibujo recibe un corazón de color diferente dibujado alrededor, mostrando que el amor crece y alcanza para todos.

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