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Quelina

El mapa que Pino dibujó con la nariz

imaginacion activa

na mañana tibia y dorada, Pino apareció en el prado con una hoja grande y una ramita en la pata. Tenía los ojos muy abiertos y una sonrisa enorme.

—¡Voy a dibujar el mapa para llegar a la Montaña de los Sueños! —anunció con orgullo.

Quelina se acercó curiosa. La Montaña de los Sueños era un lugar del que todos hablaban: un sitio donde las ideas florecían como flores silvestres y la imaginación no tenía límites. Nadie en el Valle Esmeralda la había encontrado todavía.

Pino apoyó la hoja en el suelo y sujetó la ramita con sus dedos gorditos. Pero sus patas eran redondas y torpes para dibujar, y las líneas salían torcidas, con manchas y borrones por todos lados. Hizo una montaña que parecía una nube. Dibujó un río que parecía un gusano dormido. Y cuando quiso trazar el camino, la ramita se le escapó tres veces.

—No sirvo para esto —dijo Pino en voz bajita, dejando caer la ramita.

Quelina miró el mapa con mucha atención. Luego levantó la vista hacia su amigo.

—¿Y si lo intentas de otra manera? —preguntó con ternura.

—¿De qué manera? No dibujar bien con las patas.

Quelina sonrió.

—¿Qué tal con la nariz?

Pino parpadeó. Nunca había pensado en eso. Con cuidado, mojó la punta de su nariz en un poco de tierra húmeda y la apoyó sobre una hoja nueva. Salió un círculo perfecto.

—¡Funciona! —gritó, saltando de alegría.

Desde ese momento, Pino comenzó a construir su mapa de la forma más especial del Valle: con la nariz dibujó montañas, con las púas trazó líneas de caminos entre la hierba, y con sus patas estampó pequeñas huellas que marcaban por dónde ir. Cada parte del mapa era diferente, inesperada y completamente suya.

Cuando terminó, Quelina lo miró asombrada. Era el mapa más bonito y original que había visto jamás. No se parecía a ningún otro. Y en el centro, rodeada de espirales de nariz y huellas de pata, estaba la Montaña de los Sueños, brillante y clara.

—Este mapa lo hice yo —dijo Pino en voz suave, como si acabara de descubrir algo muy grande.

—Sí —respondió Quelina—. Y por eso nadie más en el mundo tiene uno igual.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar con una luz cálida y suave. Ella también había aprendido algo: cuando uno busca su propia manera de hacer las cosas, siempre encuentra un camino.

Esa tarde, los dos amigos siguieron el mapa de Pino juntos, paso a paso, huella a huella. Y aunque el camino tenía curvas raras y giros inesperados, cada vuelta los llevaba a algo nuevo y maravilloso.

La Montaña de los Sueños los estaba esperando.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando buscas tu propia manera de hacer las cosas, siempre encuentras el camino.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pide a tu hijo o hija que piense en un lugar imaginario que le gustaría visitar y que le ponga un nombre especial. Paso 2: Juntos, dibujen un mapa de ese lugar usando lo que tengan a mano: dedos, estampas, papeles de colores o cualquier forma que se les ocurra, sin preocuparse por si queda perfecto. Paso 3: Cuando terminen, cuenten qué hay en ese lugar mágico y qué aventura vivirían allí, dejando que la imaginación invente la historia libremente.

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