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Quelina

El sueño grande de la oruga más pequeña

suenos grandes

n el Valle Esmeralda, entre flores amarillas y hojas brillantes de rocío, vivía una oruga llamada Tití. Era la más pequeña de todas las orugas del valle, tan pequeña que cuando caminaba sobre una hoja, casi no se escuchaban sus pasitos.

Un día, Tití llegó corriendo hasta donde estaba Quelina, la tortuga sabia.

—¡Quelina, Quelina! —dijo con la voz llena de emoción—. ¡Quiero llegar a la cima de la Montaña de los Sueños y ver todo el valle desde arriba!

Quelina la miró con ternura. Antes de que pudiera responder, apareció Pino, el puercoespín, que sacudió sus púas con sorpresa.

—¿Tú? ¿Llegar a la cima? —dijo Pino—. Pero si eres muy pequeña para un sueño tan grande.

Tití bajó la cabeza. Sus antenas se doblaron tristemente.

Quelina observó a su amiga con calma y luego miró a Pino.

—¿Y tú, Pino, cuántas veces llegaste a la cima antes de intentarlo? —preguntó Quelina con suavidad.

Pino no supo qué responder.

Quelina se acercó a Tití y le dijo:

—Los sueños no miden el tamaño de quien los sueña. Miden el tamaño del corazón.

En ese momento, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron con suavidad, como pequeñas estrellas de día.

Tití sonrió. Y esa misma mañana, comenzó a caminar.

El camino tenía piedras, ramas y charcos de barro. A veces Tití resbalaba. A veces se cansaba tanto que tenía que detenerse a descansar bajo una hoja. Pero cada vez que pensaba en rendirse, recordaba las palabras de Quelina y volvía a dar un pasito más.

Mara, la mariposa, voló a su lado durante un trecho del camino.

—Yo antes tampoco podía volar —le dijo Mara—. Primero fui oruga, igual que tú.

Tití abrió los ojos muy grandes. Nunca lo había pensado así.

Con esa idea nueva en el corazón, siguió subiendo.

Cuando el sol comenzaba a ponerse y el cielo se llenó de colores anaranjados y rosados, Tití llegó a la cima de la Montaña de los Sueños.

Desde allí vio todo el Valle Esmeralda: el Gran Roble Sabio, el río brillante donde vivía Río, los prados llenos de flores. Todo era hermoso y enorme. Y ella, la oruga más pequeña, lo estaba viendo desde arriba.

Tití lloró un poquito, pero de alegría.

Abajo, Quelina la vio llegar a la cima y sus espirales doradas brillaron con fuerza, iluminando la tarde entera.

—Lo sabía —susurró Quelina con una gran sonrisa.

Y el Valle Esmeralda entendió ese día que los sueños más grandes no viven en los cuerpos más grandes. Viven en quienes se atreven a dar el primer pasito, y luego otro, y luego uno más.

💛 QUELINA NOS DICE...

El tamaño de tu sueño no depende del tamaño de tu cuerpo, sino del tamaño de tu valentía.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pídele a tu hijo o hija que dibuje en un papel su sueño más grande, sin límites, tan grandioso como lo imagine. Paso 2: Juntos, escriban o digan en voz alta tres pasitos pequeños que podrían acercarlo a ese sueño, uno por uno. Paso 3: Coloca el dibujo en un lugar visible de la casa y cada semana conversen sobre qué pasito dieron, celebrando cada pequeño avance con un abrazo.

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El sueño grande de la oruga más pequeña
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