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Quelina

Lo que el estómago de Mara trataba de decir

comunicar necesidades

ra una mañana dorada en el Valle Esmeralda, y todas las flores abrían sus pétalos con alegría. Todas, menos Mara.

La pequeña mariposa estaba posada sobre una piedra junto al arroyo, con las alas dobladas y los ojos mirando el suelo. No bailaba entre las flores como solía hacer. No zumbaba sus cancioncitas de colores. Solo estaba quieta.

Quelina caminaba despacio por el sendero cuando la vio.

—Mara, ¿estás bien? —preguntó acercándose con cuidado.

Mara levantó los ojos. —Creo que —dijo, aunque su voz sonó muy pequeña.

—¿Segura? —insistió Quelina, sentándose a su lado.

Mara dudó un momento. Luego suspiró. —Tengo algo raro aquí —dijo señalando su barriguita—. Como si adentro hubiera muchas mariposas dando vueltas. Pero yo soy la mariposa, así que no entiendo qué pasa.

Quelina sonrió con ternura. —Eso que sientes tiene un nombre. A veces, cuando necesitamos algo y no lo decimos, el cuerpo empieza a hablar por nosotros.

—¿Mi cuerpo habla? —preguntó Mara abriendo los ojos grandes.

—Sí —dijo Quelina—. ¿Puedes contarme qué estaba pasando antes de que comenzara ese revoloteo?

Mara pensó. —Bueno… ayer, cuando todos jugaban a perseguir burbujas, yo quería unirme. Pero nadie me invitó y yo no dije nada. Solo me quedé mirando.

—¿Y cómo te sentiste?

—Triste —susurró Mara—. Y un poquito sola.

En ese momento, las espirales del caparazón de Quelina brillaron suavemente, como pequeñas lunas doradas.

—Mara, tu estómago te estaba diciendo que necesitabas compañía. Y eso es una necesidad muy importante. Pero si no lo dices en voz alta, los demás no pueden saberlo.

Mara frunció el ceño. —¿Y si digo que me siento sola y nadie me hace caso?

—Puede pasar —admitió Quelina con honestidad—. Pero también puede pasar que te hagan caso. Y nunca lo sabrás si guardas las palabras adentro.

Justo en ese momento, Lumo llegó volando en círculos brillantes.

—¡Mara! ¡Quelina! Pino encontró un charco lleno de burbujas gigantes, ¿vienen?

Mara miró a Quelina. Quelina la miró a ella.

—¿Puedo ir yo también? —dijo Mara, esta vez con voz clara y firme.

Lumo parpadeó sorprendido. —¡Claro! ¡Te estábamos buscando!

Mara abrió sus alas de colores y sintió algo muy distinto en el estómago. Ya no había revoloteo. Ahora había algo cálido y ligero, como el sol entrando despacio.

—¿Ya no sientes el revoloteo? —preguntó Quelina mientras caminaban juntas.

Mara sonrió de oreja a oreja. —No. Creo que mis palabras lo calmaron.

Y esa tarde, entre burbujas y risas, Mara aprendió que pedir lo que necesitas no es difícil ni vergonzoso. Es simplemente darle voz a lo que el corazón ya sabe.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando dices en voz alta lo que necesitas, tu cuerpo y tu corazón vuelven a estar en paz.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Pregúntale a tu hijo o hija si alguna vez ha sentido 'mariposas en el estómago' o nervios sin saber por qué, y escucha con calma lo que responde. Paso 2: Juntos, conversen sobre qué necesitaba esa barriguita en ese momento: ¿un abrazo, compañía, ayuda, atención? Paso 3: Practiquen decirlo en voz alta usando la frase 'Yo necesito…' y celébralo con un abrazo cada vez que lo diga con valentía.

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Lo que el estómago de Mara trataba de decir
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