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Quelina

La palabra espina que hirió sin querer

palabras que hieren

ra una mañana dorada en el Valle Esmeralda, y Quelina caminaba feliz hacia el Gran Roble Sabio con su amigo Pino.

Pino llevaba entre sus espinas un ramo de flores silvestres que había recogido al amanecer. Estaba muy orgulloso porque quería decorar el tronco del Roble para sorprender a todos sus amigos.

—¿Qué te parece mi ramo? —preguntó Pino con una gran sonrisa.

Quelina lo miró de reojo. Las flores eran de colores distintos, algunas estaban un poco torcidas y otras eran más pequeñas que las demás. Sin pensar, Quelina dijo:

—Pino, ese ramo se ve muy raro. Las flores no combinan para nada.

El silencio que vino después fue muy grande.

Pino bajó la cabeza lentamente. Soltó el ramo sobre el pasto y no dijo ni una sola palabra. Quelina vio sus ojos brillar, como cuando uno está a punto de llorar pero trata de aguantarse.

En ese momento, algo le apretó el pecho a Quelina. Entendió, sin que nadie se lo dijera, que sus palabras habían lastimado a su amigo.

—Pino, yo... —comenzó a decir.

Pero Pino ya caminaba solo hacia los arbustos.

Quelina se quedó quieta frente al ramo caído. Las flores seguían siendo las mismas, pero ahora las veía diferente. Eran flores que Pino había buscado con mucho cuidado, una por una, desde muy temprano. Había amor en ese ramo torcido y colorido.

—¿Qué pasó? —preguntó Mara, la mariposa, que llegó volando suavemente.

Quelina le contó todo. Mara la escuchó con atención.

—Las palabras son como espinas —dijo Mara en voz baja—. A veces salen sin querer, pero igual pueden picar muy fuerte.

—¿Y cómo se quita esa espina? —preguntó Quelina con los ojos tristes.

—No se quita del todo —respondió Mara—. Pero hay algo que ayuda mucho: decir la verdad con el corazón.

Quelina recogió el ramo del suelo y fue a buscar a Pino. Lo encontró sentado cerca del arroyo, mirando el agua.

—Pino —dijo ella, sentándose a su lado—. Lo que dije fue cruel y no era verdad. Este ramo es especial porque lo hiciste con cariño. Lo siento mucho.

Pino la miró. Luego miró el ramo.

—¿De verdad lo crees? —preguntó en voz muy baja.

—De verdad —dijo Quelina—. Y la próxima vez voy a pensar antes de hablar.

Pino sonrió apenas, todavía con un poco de tristeza. Pero era una sonrisa real.

Juntos pusieron el ramo al pie del Gran Roble Sabio. Las flores torcidas y de colores distintos quedaron preciosas entre las raíces viejas del árbol.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina brillaron suavemente, como si el Valle entero supiera que ella había aprendido algo muy importante: las palabras tienen peso, y antes de lanzarlas al aire, vale la pena sostenerlas un momento en el corazón.

💛 QUELINA NOS DICE...

Las palabras que salen sin pensar pueden herir como espinas, pero las que nacen del corazón tienen el poder de sanar.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos y túrnense diciendo una palabra o frase que les haya hecho sentir bien alguna vez, y luego una que los haya lastimado. Paso 2: Conversen sobre cómo se sintió el cuerpo en cada caso: ¿qué sintieron en el pecho, en la panza, en la cara? Paso 3: Cada uno elige una palabra bonita que quiera regalarle al otro hoy, la dice en voz alta y se dan un abrazo.

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La palabra espina que hirió sin querer
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