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Quelina

El nido y las cuatro estaciones del amor

amor familia

n día de otoño, mientras Quelina caminaba entre las hojas doradas del Valle Esmeralda, encontró algo pequeño y redondo entre las raíces del Gran Roble Sabio: un nido vacío, tejido con ramitas suaves, pétalos secos y hebras de hierba.

—¿Por qué está solo este nido? —preguntó Quelina en voz alta.

Mara, la mariposa, llegó volando con sus alas color naranja y se posó cerca.

—Los pájaros lo construyeron en primavera —dijo Mara con dulzura—. Con mucho cuidado, con mucho amor. Cada ramita fue puesta a propósito.

Quelina lo tocó con una patita. Era suave y resistente al mismo tiempo.

—¿Y para qué tanto trabajo? —preguntó.

—Para que sus pequeños estuvieran seguros —respondió Mara—. Eso es lo que hace el amor: construye un lugar donde uno puede crecer sin miedo.

Quelina pensó en su mamá, que siempre preparaba su cama con hojas frescas antes de dormir. Y en su papá, que le contaba historias bajo las estrellas. Sintió algo cálido dentro del pecho.

—En verano —continuó Mara—, los papás pájaros traían alimento todos los días, incluso cuando llovía. Eso también es amor: estar ahí aunque el día sea difícil.

Quelina recordó cuando tuvo fiebre y su abuela se quedó toda la noche a su lado, cantándole bajito. Nunca se fue, aunque estuviera cansada.

—¿Y en otoño? —preguntó Quelina mirando las hojas que caían.

—En otoño —dijo Mara suavemente—, los polluelos aprendieron a volar. Sus papás los miraban desde lejos, nerviosos pero orgullosos. Soltarlos también fue amor. Dejarlos crecer, dejarlos intentarlo.

Quelina sintió que las espirales doradas de su caparazón comenzaban a brillar. Estaba entendiendo algo importante.

—¿Y el invierno? —murmuró.

Mara sonrió.

—En invierno, el nido quedó vacío. Pero no triste. Quedó lleno de todo lo vivido: el calor, el cuidado, las canciones, los primeros vuelos. El amor no desaparece cuando las cosas cambian. Solo cambia de forma.

Quelina miró el nido por un largo momento. Pensó en todas las formas en que su familia la amaba: cuando la abrazaban, cuando la corregían con paciencia, cuando la dejaban equivocarse y aprender, cuando simplemente estaban cerca sin decir nada.

Con cuidado, colocó el nido de vuelta entre las raíces del Gran Roble.

—Voy a decirle a mi mamá que la quiero —dijo Quelina—. Y a mi papá. Y a mi abuela.

—¿Por alguna razón especial? —preguntó Mara.

—Sí —respondió Quelina con una sonrisa—. Porque hoy lo entendí mejor que nunca.

Y mientras caminaba de regreso a casa, las espirales doradas de su caparazón brillaban tanto que iluminaban el camino entre las hojas de otoño.

💛 QUELINA NOS DICE...

El amor de la familia tiene muchas formas, y reconocerlas es una de las cosas más hermosas que podemos aprender.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos y pidan al niño que recuerde tres momentos en que sintió el amor de alguien de su familia, uno por cada forma que aprendió Quelina: cuando lo cuidaron, cuando lo dejaron intentar algo solo, y cuando simplemente estuvieron cerca. Paso 2: Túrnense para compartir esos recuerdos en voz alta, con calma y sin prisa, dejando que el niño exprese lo que sintió en cada momento. Paso 3: Díganle al niño una forma concreta en que lo aman hoy, y anímenlo a decirle a alguien de la familia algo que aprecia de él o ella.

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