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Quelina

Cuando el árbol de casa se partió en dos mitades

divorcio padres

uelina vivía en un árbol enorme y frondoso, justo al borde del Valle Esmeralda. Sus ramas eran tan grandes que su mamá dormía del lado del sol naciente y su papá, del lado donde el río cantaba por las noches. Era su árbol de casa, y Quelina lo amaba con todo su corazón.

Pero un día, algo cambió.

Su mamá le explicó con voz suave que ella y su papá ya no vivirían juntos en el mismo árbol. Que su papá se mudaría a una rama nueva, cerca del lago, y que Quelina podría visitarlo cuando quisiera. Que ambos la amaban igual, que eso nunca cambiaría.

Quelina escuchó todo con cuidado. Asintió con la cabeza. Y luego se fue sola al jardín de piedras lisas, se metió dentro de su caparazón y no quiso salir.

—¿Qué pasa, Quelina? —preguntó una voz delicada.

Era Mara, la mariposa, que revoloteaba suavemente a su alrededor.

—El árbol de casa se partió en dos mitades —dijo Quelina desde adentro—. Y yo no en cuál mitad quedo yo.

Mara se posó con cuidado sobre una piedra y pensó un momento antes de hablar.

—¿Puedo contarte algo? —dijo—. Yo nací en una hoja pequeñísima, muy lejos del lugar donde vivo ahora. Tuve que dejar esa hoja para poder crecer y volar. Y al principio, me dolió mucho.

Quelina sacó apenas los ojos por el borde del caparazón.

—¿Te dolió de verdad?

—De verdad —dijo Mara—. Pero después entendí que el amor que me dieron en esa hoja no se quedó ahí. Viajó conmigo. Está en mis alas ahora mismo.

Quelina salió despacio de su caparazón y miró el árbol de casa. Desde donde estaba podía ver las dos ramas: la del sol naciente y la del río cantarín. Las dos seguían siendo parte del mismo árbol. Solo que ahora crecían en direcciones distintas.

—Mara —preguntó Quelina—, ¿puedo querer a las dos ramas al mismo tiempo?

—Claro que —respondió Mara—. eres la raíz que las une. Siempre lo serás.

Algo cálido se encendió en el pecho de Quelina. Y en ese instante, las espirales doradas de su caparazón brillaron suavemente, como pequeñas lunas de oro.

Esa noche, Quelina cenó con su mamá en la rama del sol naciente. Y al día siguiente, visitó a su papá en la rama nueva del lago. Los dos la abrazaron fuerte. Los dos le dijeron te quiero con la misma voz de siempre.

Quelina comprendió entonces que un hogar no es solo un lugar. Es todo el amor que llevas contigo, sin importar dónde estés parada.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando el amor es verdadero, no importa que el hogar cambie de forma: sigue viviendo dentro de ti.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Dibujen juntos un árbol grande en una hoja de papel y escriban dentro de sus ramas los nombres de las personas que quieren a su hijo o hija. Paso 2: Pídale al niño o niña que rodee su propio nombre con un círculo en el centro del árbol y le explique que ese lugar es inamovible: el amor siempre llega hasta ahí. Paso 3: Conversen sobre un recuerdo feliz que tengan juntos y escriban o dibujen ese momento en la raíz del árbol, como símbolo de que ese amor es la base que sostiene todo.

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