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01

Las estrellas que susurran

Búho bebé Buby

No quiere dormir

La noche llegaba despacio al bosque, pintando todo de azul terciopelo. Las hojas susurraban canciones de cuna y el aire olía a madreselva y a sueños por nacer. En lo alto del roble más alto, donde la luna podía verlo mejor, vivía Buby.

Buby era un búho bebé con plumas suaves como nubes y ojos grandes como dos lunas llenas. Pero había algo especial en Buby: mientras todos los búhos del bosque dormían de día y despertaban de noche, él hacía exactamente lo contrario. Cuando llegaba la hora de dormir, sus ojitos se abrían más y más.

—¡Pío-pío-pío! —cantaba Buby cuando mamá búho decía que era hora de cerrar los ojos—. ¡Todavía no tengo sueño! ¡Quiero ver más estrellas!

Mamá búho suspiró con ternura. —Buby, pequeñito mío, las estrellas estarán ahí mañana.

Pero Buby movía la cabecita de lado a lado. Sus plumas se erizaban cuando escuchaba la palabra 'dormir'. Se posaba en la rama más alta y abría sus alitas como diciendo: ¡Mira qué despierto estoy!

Una noche, después de muchos 'pío-pío-no-quiero', algo mágico pasó. Buby había estado despierto tanto tiempo que sus ojitos empezaron a picarle. Las estrellas se veían borrosas, como si estuvieran bailando. El viento fresco le hacía cosquillas en las plumas, pero ya no le daba risa.

Se sentó solito en su rama, con las alitas caídas. Todo el bosque dormía: los conejos, las ardillas, hasta las flores habían cerrado sus pétalos. —Pío... pío... —susurró bajito, y por primera vez sonó triste.

Entonces, como si hubiera estado esperando ese momento exacto, apareció Quelina. Sus pasos eran tan silenciosos que ni las hojas crujieron. Su caparazón brillaba con estrellitas doradas que hacían juego con las del cielo.

—Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón —dijo Quelina, con una voz que sonaba como el mar en una caracola—. ¿Sabías que las estrellas también duermen, pequeño Buby?

Buby parpadeó sus ojitos cansados. Miró hacia arriba y, por primera vez, notó que algunas estrellas brillaban suave, como si estuvieran soñando.

—Cuando tú duermes —continuó Quelina—, ellas te guardan en sus sueños. Y cuando despiertas, tienes un poquito de su luz dentro de ti.

Buby sintió algo cálido en su pechito, como cuando mamá lo abrazaba. Sus ojitos se fueron cerrando despacito, como pétalos que se cierran al anochecer.

Mamá búho llegó justo a tiempo para arroparlo con sus alas grandes y suaves. —Que sueñes con estrellas, mi pequeño —le susurró al oído.

Y desde esa noche, cuando Buby cerraba los ojos, las estrellas le cantaban canciones de luz.

Porque dormir no es el final del día, sino el comienzo de los sueños más hermosos.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabías que las estrellas también duermen, pequeño Buby? Cuando tú duermes, ellas te guardan en sus sueños. Y cuando despiertas, tienes un poquito de su luz dentro de ti.

Dormir no es el final del día, sino el comienzo de los sueños más hermosos.