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Ardilla bebé Nuca
Acaparar cosas
En lo más alto del roble gigante, donde las hojas susurraban secretos al viento, vivía una ardillita muy pequeña con ojos como avellanas brillantes. El sol de la mañana se colaba entre las ramas y dibujaba círculos dorados sobre su pelaje canela.
La ardillita se llamaba Nuca y tenía una costumbre muy curiosa: guardaba todo lo que encontraba. Bellotas, piedras brillantes, plumas suaves, flores secas... todo, todo, todo desaparecía en su madriguera secreta. "¡Mío, mío, mío!" decía saltando de rama en rama, llenando sus mejillas gorditas.
Tic-tac, tac-tic sonaban sus patitas corriendo por las ramas. Arriba y abajo, izquierda y derecha, siempre buscando algo nuevo que guardar. Sus amiguitos del bosque la miraban correr sin parar. "Ven a jugar, Nuca", le gritaba el conejito desde abajo. Pero ella siempre respondía igual: "¡No puedo! ¡Tengo que guardar más cosas!"
Un día, Nuca encontró la bellota más hermosa del mundo. Era dorada como la miel y brillaba como una estrella pequeñita. "¡La más bonita de todas!" gritó feliz, y corrió a esconderla con el resto de sus tesoros. Pero cuando llegó a su madriguera... ¡pum! No cabía ni una cosa más.
Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas peluditas. Se sentó solita en su rama, abrazando la bellota dorada contra su pancita. El viento se puso triste y dejó de silbar. Las hojas dejaron de danzar. Todo el bosque se quedó quietecito, quietecito.
Entonces, despacio como un suspiro, apareció Quelina entre las hojas. Su caparazón brillaba suave, como la luna cuando dice buenas noches. "Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", susurró con voz de miel tibia. Nuca levantó sus ojitos húmedos. "¿Qué es lo más hermoso que has visto hoy, pequeña?" preguntó Quelina, y se quedó callada como el bosque.
Nuca miró la bellota en sus patitas, después miró hacia abajo donde sus amigos seguían jugando y riéndose. Su corazoncito hizo "toc-toc" diferente. De repente entendió algo muy especial: la bellota era hermosa, pero las risas de sus amigos brillaban más.
"¡Conejito! ¡Ratoncito!" gritó desde su rama. "¡Vengan! ¡Tengo regalos para todos!" Y empezó a lanzar sus tesoros desde arriba. Una pluma para conejito, una piedra brillante para ratoncito, flores secas para todos. Cada regalo caía como confeti del cielo.
Cuando mamá ardilla llegó esa noche, encontró a Nuca acurrucadita en su madriguera vacía, pero con una sonrisa enorme dibujada en su carita. "¿No tienes frío sin tantas cosas?" le preguntó mama. Nuca se abrazó a ella: "No, mami. Mi corazón está calentito porque mis amigos están felices".
Y esa noche, mientras las estrellas hacían guiños desde el cielo, Nuca durmió el sueño más dulce de su vida, abrazada a su mamá y a su bellota dorada.
Las cosas más hermosas se vuelven más brillantes cuando las compartimos.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Qué es lo más hermoso que has visto hoy, pequeña?
✨ Las cosas más hermosas se vuelven más brillantes cuando las compartimos.