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El Corazón de Rayas Doradas

Cebra bebé Zigzag

No aceptar su apariencia

En la pradera donde el amanecer pinta de rosa las nubes, vivía una cebrita llamada Zigzag. Sus rayas eran tan perfectas que parecían hechas con pinceles de luna, pero ella no las veía así.

Zigzag tenía ojos grandes como canicas brillantes y un corazón del tamaño de una sandía. Cuando corría, sus patitas sonaban como tamborcitos sobre la hierba: tic-tac, tic-tac. Pero cada mañana, cuando se miraba en el charco cristalino, suspiraba profundo.

—¿Por qué tengo estas rayas? —preguntaba al viento—. Los caballos son dorados como el sol, las vacas son blancas como las nubes... y yo soy... rayada.

Un día decidió quitárselas. Primero intentó lavarlas en el río. Splash, splash, splash. Las rayas seguían ahí. Luego rodó entre las flores amarillas esperando teñirse. Pum, pum, pum. Las rayas seguían ahí, pero ahora olía a margaritas.

Se escondió detrás de un árbol grande y lloró lágrimas tan gordas que hicieron crecer pequeñas flores donde caían. Su mamá la encontró acurrucadita como una pelotita rayada.

—No me gustan mis rayas, mamá —susurró Zigzag—. Son diferentes.

En ese momento, apareció Quelina caminando despacio entre las altas hierbas. Su caparazón dorado brillaba como mil estrellitas, y cuando sonrió, hasta las mariposas se detuvieron a mirar.

—Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón —dijo Quelina con voz de miel—. ¿Sabes por qué las cebras tienen rayas, pequeña Zigzag?

Zigzag negó con su cabecita.

—Para que cuando corren juntas parezcan una sola gran familia de nubes danzantes. Tus rayas no te hacen diferente... te hacen parte de algo hermoso.

Zigzag se acercó al charco otra vez. Esta vez vio algo distinto: sus rayas creaban sombras que bailaban, hacían que la luz jugara sobre su piel como música hecha de colores.

Esa tarde, cuando llegó la manada, Zigzag corrió junto a ellas. Desde el cielo, parecían ondas de viento, rayas de lluvia, líneas de canción moviéndose como una sola melodía.

Mamá cebra le dio un beso en su frente rayada.

—Eres perfecta tal como eres, mi pequeña obra de arte —le susurró.

Y mientras las estrellas comenzaban a parpadear, Zigzag supo que sus rayas no eran diferentes... eran su manera especial de pertenecer.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabes por qué las cebras tienen rayas, pequeña Zigzag? Para que cuando corren juntas parezcan una sola gran familia de nubes danzantes. Tus rayas no te hacen diferente... te hacen parte de algo hermoso.

Eres perfecta tal como eres, mi pequeña obra de arte.