18
Caracol bebé Casita
Timidez extrema
En el jardín de los susurros suaves, cuando las gotas de rocío hacían tin-tin-tin sobre las hojas, vivía el caracolito más pequeñito del mundo. Su casita en la espalda brillaba como una perla húmeda, pero nadie la había visto nunca.
Se llamaba Casita, y cada vez que alguien se acercaba... ¡zas! Metía la cabecita dentro de su conchita y se hacía bolita. Así de rápido. Zas-zas-zas. Su mamá caracola le decía suavecito: "Casita, mi amor, ¿no quieres salir a jugar?" Pero Casita hacía shhh-shhh desde adentro de su casita.
Una mañana que olía a flores y a tierra mojadita, los otros caracolitos salieron a deslizarse sobre las hojas. Hacían chuic-chuic-chuic con sus barriguitas pegajosas. Casita los miraba desde muy, muy lejos, escondiéndose detrás de una margarita grandota.
"Yo también quiero jugar chuic-chuic", susurró Casita. Pero cuando se acercó poquito a poco, poquito a poco... los otros caracolitos la vieron. "¡Hola, Casita!", dijeron todos juntos. Y Casita... ¡zas! Se metió otra vez en su conchita.
Los caracolitos esperaron y esperaron. "Casita, ¿estás ahí?" Pero solo se escuchaba el viento haciendo shhhh entre las hojas. Casita se sintió muy solita dentro de su casita oscura. Su corazoncito hacía pum-pum-pum muy despacio.
Entonces, sin hacer ruidito, llegó caminando despacito-despacito la tortuga más anciana del jardín. Su caparazón tenía estrellitas doradas que hacían tim-tim-tim muy suavecito.
"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", dijo Quelina con voz de miel. Esperó un poquito y preguntó: "Casita pequeñita, ¿sabes qué pasa cuando una estrellita se esconde para siempre?" Y se quedó callada, esperando.
Casita sacó poquitito la cabeza. "¿Qué pasa, abuelita Quelina?" "Que nadie puede ver lo hermosa que es", susurró Quelina. "Y las otras estrellitas se quedan solitas, sin su luz especial."
Casita sintió algo tibiecito en el pecho, como cuando mamá le daba besitos. Salió despacito de su conchita y vio que su casita brillaba como una estrellita de verdad. Los otros caracolitos la miraban con ojitos de admiración.
"¡Tu casita es la más bonita!", dijeron todos. Y Casita sonrió por primera vez. Su sonrisa hizo que toda su conchita brillara más fuerte, como un solcito pequeñito.
Desde ese día, cuando los caracolitos jugaban chuic-chuic, se escuchaba una risita nueva. Era Casita, brillando como una estrellita que por fin decidió salir a iluminar el jardín.
Porque las cosas más hermosas del mundo a veces necesitan tiempo para atreverse a brillar.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", dijo Quelina con voz de miel. "Casita pequeñita, ¿sabes qué pasa cuando una estrellita se esconde para siempre?"
✨ Porque las cosas más hermosas del mundo a veces necesitan tiempo para atreverse a brillar.