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El abrigo de estrellas

Copo

Necesitar un abrazo

En el lugar donde el hielo susurra canciones de cristal, caían copitos de nieve que parecían diminutas bailarinas vestidas de plata. El viento traía un aroma fresco, como de menta y sueños blancos.

Copo era la pingüinita más pequeña de toda la colonia. Sus alitas eran suaves como algodón y sus ojitos brillaban como dos gotitas de miel. Pero había algo que la hacía diferente: por más que el sol polar calentara las rocas, Copo siempre, siempre tenía frío.

"Mamá, me abrazo a mí misma pero no es suficiente", susurraba Copo mientras temblaba como una hojita de hielo. Sus patitas se escondían bajo su pancita redonda, pero el frío seguía ahí, como un visitante que no se quería ir.

Copo intentó abrigarse con algas marinas. Se enrolló como un bollito de nieve, pero el frío siguió. Intentó dormir junto a las focas bebé, pero ellas tenían sus propias mamás que las abrigaban. Intentó correr en círculos para calentarse, pero sus patitas resbalaron... ¡plas! Y quedó panza arriba mirando las nubes.

"Pip-pip-pip", lloró Copo, y sus lágrimas se convirtieron en cristalitos que tintineaban al caer. El eco de su llanto rebotó entre los icebergs, y hasta las ballenas dejaron de cantar para escucharla.

Entonces, cuando la tristeza de Copo era tan grande como el océano, apareció Quelina caminando despacio sobre el hielo. Las constelaciones doradas de su caparazón brillaban tanto que derretían los copos de nieve antes de tocarla.

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", dijo Quelina con su voz cálida como chocolate. Se acercó a Copo y preguntó: "¿Sabes cuál es el abrazo más tibio que existe?"

Copo se quedó quietecita, escuchando. Y entonces... ¡lo supo! Corrió con sus patitas temblorosas hacia donde estaba mamá pingüino, que la esperaba con las alitas extendidas.

"¡Mamá! ¡Mamá!" gritó Copo, y se zambulló en el abrazo más suave y cálido del mundo. Mamá la envolvió con sus alitas como si fuera una mantita viviente, y por primera vez en mucho tiempo, Copo sintió que el sol vivía dentro de su corazón.

"Siempre estaré aquí cuando tengas frío, mi pequeño copo de nieve", murmuró mamá, y su voz sonaba como el más dulce de los arrullos.

Desde esa noche, cada vez que Copo tenía frío, sabía exactamente dónde encontrar el calor que necesitaba: en los brazos de quien la amaba.

Porque el amor es el abrigo que nunca se desgasta.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabes cuál es el abrazo más tibio que existe?"

Porque el amor es el abrigo que nunca se desgasta.