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El jardín de los cambios pequeñitos

Mariposa bebé Capullo

Miedo a crecer

En el jardín de los cambios pequeñitos, cuando el rocío aún tenía sabor a sueños, una mariposita llamada Capullo despertó con las alas temblorosas. El aire olía a flores nuevas y a secretos por descubrir.

Capullo tenía las alas del color del amanecer, rosadas por los bordes y doradas en el centro. Pero cuando las movía, sentía que algo no estaba bien. Sus alitas eran muy grandes, muy diferentes. Recordaba cuando era una oruga pequeñita, redondita y suave, que podía esconderse bajo cualquier hoja.

—No me gustan estas alas grandes —murmuró Capullo, tratando de plegarlas hasta hacerse chiquitita—. Quiero volver a ser como antes. Quiero ser pequeñita otra vez.

Trató de caminar como cuando era oruga, pero tropezaba con sus alas nuevas. Intentó esconderse bajo una hoja, pero ya no cabía. El viento la levantaba sin preguntarle si quería volar.

—¡No quiero volar! —gritó Capullo, agarrándose fuerte a una ramita—. ¡Quiero quedarme aquí, pequeñita y segura!

Pero el viento siguió susurrando, las flores siguieron creciendo, y Capullo se sintió muy sola en su rama. Sus alas brillaban al sol, pero ella solo quería esconderlas.

Entonces, despacio como los cambios que importan, apareció Quelina entre las flores. Su caparazón dorado brillaba suavemente entre los pétalos.

—Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón —dijo Quelina con voz de miel—. ¿Sabes qué es lo más hermoso de las alas, pequeña Capullo?

Capullo negó con la cabecita, escondiendo las alas detrás de su cuerpecito.

—Que te permiten llevar a tu oruga interior a lugares que nunca soñó —susurró Quelina—. No has perdido a tu oruga. La llevas contigo, pero ahora puede volar.

Capullo sintió algo cálido en su pecho, como cuando el sol toca el rocío. Despacio, muy despacio, abrió una alita. Luego la otra. El viento la levantó suavemente, y por primera vez, no tuvo miedo.

Desde arriba podía ver todo el jardín, todas las hojas donde había vivido de oruga. Seguían ahí, esperándola. Y ahora podía visitarlas todas, una por una, volando.

Cuando bajó a descansar, su mamá mariposa la estaba esperando con una sonrisa.

—¿Viste qué bonito se ve el jardín desde arriba? —le preguntó.

Capullo asintió, abrazándola con sus nuevas alas que ya no se sentían tan grandes.

Esa noche, mientras las estrellas contaban cuentos de cambios hermosos, Capullo soñó que volaba llevando a su oruga interior en el corazón, visitando todos los lugares donde había sido pequeñita.

Crecer es llevarte contigo a todos los que has sido antes.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabes qué es lo más hermoso de las alas, pequeña Capullo? Que te permiten llevar a tu oruga interior a lugares que nunca soñó. No has perdido a tu oruga. La llevas contigo, pero ahora puede volar.

Crecer es llevarte contigo a todos los que has sido antes.