← Cuentos

29

El Viento que Lleva a Casa

Paloma bebé Pluma

No querer ir a casa

El cielo se pintaba de rosa y naranja cuando las primeras estrellas comenzaron a parpadear como lucecitas tímidas. El aire olía a flores de jazmín y a esa quietud especial que llega cuando el día se despide.

Pluma era la palomita más pequeña del árbol grande. Sus plumitas grises brillaban como terciopelo suave, y sus ojitos redondos siempre estaban curiosos, siempre querían ver más. Cuando mamá paloma decía "pip-pip, es hora de volver al nido", todas las palomitas obedecían... menos Pluma.

"¡No quiero, no quiero!" arrullaba Pluma, moviendo sus alitas como pequeños abanicos. "Quiero ver las luces que salen cuando el sol se va. Quiero escuchar la canción de los grillos. ¡El nido puede esperar!"

Mamá paloma suspiró con cariño. Sabía que su pequeña tenía el corazón lleno de aventuras. "Está bien, mi tesoro. Pero no te alejes del árbol grande."

Pluma saltó de rama en rama, pip-pip aquí, pip-pip allá. Vio una mariposa nocturna que brillaba como un pedacito de luna. Siguió el vuelo suave de un murciélago que dibujaba círculos en el aire. Escuchó a una lechuza que cantaba "uh-uh-uh" desde muy lejos.

Pero cuando quiso regresar, las ramas se veían todas iguales en la oscuridad. El viento susurraba cosas que no entendía. Pluma sintió que su pechito se encogía como una flor cuando llueve. "¿Dónde está mi nido? ¿Dónde está mamá?"

Sus ojitos se llenaron de lágrimas pequeñitas como gotitas de rocío. El mundo se había vuelto muy grande, y ella se sentía muy, muy pequeña.

Entre las hojas apareció una tortuga anciana con el caparazón cubierto de estrellas doradas. Caminaba despacio, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón." Su voz era suave como un arrullo. "¿Qué es lo que más extrañas cuando estás lejos de casa, pequeña Pluma?"

Pluma cerró sus ojitos y escuchó. No solo con sus oídos, sino con algo que vivía en su pechito. Y entonces lo sintió: el pip-pip suave de mamá, el calor del nido, el abrazo de las plumas tibias.

"Echo de menos... el lugar donde me cuidan", susurró Pluma.

El viento cambió de dirección y trajo consigo un aroma conocido: el de su familia. Quelina sonrió y sus estrellas brillaron más fuerte.

Pluma voló siguiendo ese perfume de hogar. Y ahí estaba mamá paloma, con las alas abiertas, esperándola en el nido más cómodo del mundo.

"Bienvenida a casa, mi aventurera", arrulló mamá, envolviéndola en plumas tibias que olían a amor.

Esa noche, Pluma durmió más profundo que nunca, soñando con aventuras que siempre terminaban en el lugar más dulce del mundo: en casa.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Qué es lo que más extrañas cuando estás lejos de casa, pequeña Pluma?

Las aventuras más hermosas son las que nos enseñan el valor de volver a casa.