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Nutria bebé Flotis
Primera vez en guardería
El agua del río susurraba una canción de burbujas esa mañana. Las gotas saltaban como pequeños diamantes entre los juncos, y el aire olía a hierba fresca y a rocío de madrugada.
Flotis era una nutria bebé con bigotes que cosquillaban cuando sonreía y patitas que siempre buscaban algo suave que tocar. Sus ojitos redondos brillaban como dos canicas mojadas, y cuando mamá nutria la abrazaba, hacía un ruidito como "mmm-mmm" que sonaba a felicidad pura.
—Hoy vas a jugar con otros niños nutria —le dijo mamá esa mañana, mientras le alisaba el pelaje con la lengua—. Vas a divertirte mucho, mi pequeña.
Pero las patitas de Flotis se aferraron más fuerte al brazo de mamá. "No-no-no", pensaba, aunque no sabía decir esas palabras todavía. Solo sabía hacer "eee-eee" cuando algo no le gustaba.
Cuando llegaron al lugar donde jugaban las nutrias pequeñas, Flotis vio agua que brillaba, juguetes que flotaban y otros bebés que chapoteaban felices. Pero sus patitas no querían soltarse. Se pegaron a mamá como las hojas se pegan al árbol cuando viene el viento.
—Eee-eee —dijo Flotis, y sus ojitos se llenaron de gotitas tibias que no eran del río.
Mamá nutria intentó bajarla despacio al agua. Pero Flotis se hizo una bolita pequeñita, como cuando tenía frío, y sus patitas temblaron. El agua le parecía demasiado grande, y los otros niños, demasiado desconocidos.
Entonces, el aire cambió. Se volvió más suave, como cuando alguien muy sabio está cerca. Una tortuga anciana con el caparazón lleno de pequeñas estrellas doradas se acercó nadando despacio, tan despacio que las ondas apenas se movían.
—Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón —susurró Quelina con voz como miel tibia—. ¿Sabes qué es lo más valiente que puede hacer una patita pequeñita?
Flotis dejó de hacer "eee-eee" y miró a la tortuga sabia. Sus patitas dejaron de temblar.
Quelina sonrió con los ojos: —Tocar el agua... pero saber que mamá siempre vuelve.
Y entonces Flotis entendió algo nuevo en su corazoncito. Mamá no se iba para siempre. Mamá era como el sol: aunque a veces se escondiera, siempre, siempre regresaba.
Sus patitas se relajaron poquito a poco. Tocó el agua tibia, luego metió una pata, luego las dos. Un niño nutria se acercó y le ofreció un juguete que hacía "glu-glu". Flotis sonrió y sus bigotes cosquillaron de felicidad.
Cuando mamá regresó al atardecer, Flotis estaba jugando con otros bebés. Corrió hacia ella con sus patitas mojadas, y mamá la abrazó fuerte, fuerte, hasta que el mundo entero olió a amor y a río tranquilo.
Esa noche, mientras las estrellas se reflejaban en el agua como pequeñas luces de esperanza, Flotis durmió sabiendo que el amor de mamá era tan grande que cabía en cualquier lugar, hasta en los lugares nuevos.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabes qué es lo más valiente que puede hacer una patita pequeñita? Tocar el agua... pero saber que mamá siempre vuelve.
✨ El amor de mamá es tan grande que te acompaña hasta en los lugares donde aún no ha estado.