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Mariposa bebé Luna
Miedo a lo desconocido
En la rama más tierna del cerezo, donde el sol se vuelve miel dorada, vivía una mariposa bebé llamada Luna. Sus alas eran del color de los sueños: azul cielo con puntitos plateados que titilaban como estrellitas. Cuando el viento la acariciaba suavemente, Luna cerraba los ojitos y fingía que dormía.
Luna era diferente a las otras mariposas bebés. Mientras sus hermanitas ya revoloteaban de flor en flor, ella se aferraba fuerte-fuerte a su ramita. "Fiu-fiu-fiu", susurraba el viento, invitándola a jugar. Pero Luna escondía la cabecita bajo sus alitas y decía: "No-no-no, aquí estoy bien".
Todas las mañanas, Mamá Mariposa venía a visitarla. "Luna, pequeñita, ¿no quieres bailar con el aire?" le preguntaba con su voz de campanita. Luna movía las alitas poquito a poquito, pero en cuanto sentía que la brisa la levantaba, ¡zas!, se agarraba más fuerte a la rama. Los pétalos del cerezo se reían suavecito: "Ri-ri-ri, ¿por qué no pruebas?".
Un día, el viento sopló más fuerte de lo normal. Luna sintió cómo su ramita se movía para allá y para acá. Sus alitas temblaron como hojitas en otoño. "No quiero caer", susurró, y una lagrimita pequeñita como rocío rodó por su mejilla.
De pronto, el aire se volvió suave como seda. Una tortuga muy anciana apareció caminando despacito por el tronco del cerezo, con estrellitas doradas brillando en su caparazón. "Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", dijo Quelina con voz de miel tibia.
Luna dejó de temblar y prestó atención. El viento no decía "caer", decía "volar". No decía "perderse", decía "encontrarse". Quelina sonrió con los ojitos: "¿Qué sientes cuando cierras los ojos y dejas que tus alas se muevan solas?"
Luna cerró los ojitos y movió las alitas muy despacio. Sintió algo cálido en el pecho, como si el sol hubiera hecho un nidito justo ahí. Sus alitas se movieron solas, y por primera vez, no tuvo miedo.
Cuando abrió los ojitos, estaba flotando como una plumita de diente de león. Mamá Mariposa la esperaba en el aire con los brazos abiertos. "¡Mira, Luna! El cielo también puede ser tu casa", le dijo, y las dos bailaron entre las nubes algodón.
Ahora Luna vuela todos los días, pero siempre vuelve a su ramita favorita para contar al cerezo sus aventuras.
A veces, los más grandes tesoros están esperando justo del otro lado del miedo.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Qué sientes cuando cierras los ojos y dejas que tus alas se muevan solas?
✨ A veces, los más grandes tesoros están esperando justo del otro lado del miedo.