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Loro bebé Nono
La etapa del no
En la rama más alta del gran cecropia, donde las hojas susurraban secretos al viento, vivía un lorito pequeño con plumas que brillaban como esmeraldas mojadas. El aire olía a flores de naranja y a lluvia que vendría después.
Nono era el loro bebé más colorido del bosque, pero tenía una palabra favorita que decía todo el tiempo: «¡NO!». No quiero bañarme en el río cristalino. No quiero comer las frutas dulces que mamá Lora le ofrecía. No quiero dormir cuando la luna hacía cosquillas entre las hojas.
Cuando papá Loro le decía: «Nono, ven a aprender a volar», él sacudía sus plumitas verdes y gritaba: «¡NO, no, no!». Cuando sus hermanitos querían jugar al escondite entre las orquídeas, Nono cruzaba sus alitas diminutas: «¡NO quiero jugar!».
Pero un día, algo extraño pasó. Mamá Lora no vino a despertarlo con besos en el pico como todas las mañanas. El sol ya estaba alto, tibio como una manta dorada, y Nono seguía solito en su nido. «¿Mamá?», susurró con voz pequeñita.
Caminó por la rama, sus garras haciendo tic-tac-tic sobre la corteza rugosa. Encontró a mamá Lora arreglando ramitas para hacer el nido más cómodo. «¿Quieres ayudarme, mi pequeño?», le preguntó con su voz de miel.
Nono abrió el pico para decir «no», pero... no salió nada. En su corazón algo cálido empezó a crecer, como cuando el sol lo despertaba por las mañanas.
Justo entonces, una voz suave como el viento entre bambúes llegó hasta él: «Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón». Era Quelina, la tortuga sabia, que lo miraba con ojos que brillaban como estrellas. «¿Qué es lo que realmente quiere decir tu corazón cuando tu boca dice no?».
Nono se quedó muy quietecito. Escuchó el viento. Escuchó a su corazón. Y entonces, como un rayito de sol asomándose entre las nubes, entendió algo hermoso.
«¡SÍ!», cantó Nono por primera vez, y su voz sonó como campanitas de cristal. «¡Sí quiero ayudar a mamá! ¡Sí quiero jugar! ¡Sí quiero aprender a volar!».
Mamá Lora lo abrazó con sus alas suaves, y todo el bosque pareció sonreír. Las flores se mecieron contentas, y hasta las mariposas bailaron en círculos de alegría.
Desde ese día, Nono siguió diciendo «no» a veces, porque los loritos pequeños necesitan decir «no». Pero ahora también sabía cuándo su corazón quería decir «sí».
Y cuando la luna se asomaba cada noche, Nono susurraba: «Sí quiero dormir», y soñaba con todas las aventuras del mañana.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
«Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Qué es lo que realmente quiere decir tu corazón cuando tu boca dice no?»
✨ A veces el corazón tiene palabras diferentes que la boca, y está bien escuchar a los dos.