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06

La pequeña que cargaba montañas

Hormiga bebé Pía

No pide ayuda

En el sendero de pétalos caídos, donde las gotas de rocío brillan como diamantes diminutos, vivía la hormiga más pequeñita del hormiguero. Su nombre era Pía, y tenía las patitas más delgadas que una hebra de seda, pero el corazón más grande que una semilla de girasol.

Pía miraba cómo las hormigas grandes llevaban hojas enormes sobre sus espaldas, marchando en fila como soldaditos valientes. 'Yo también puedo', se decía, inflando el pechito hasta parecer una bolita de algodón. 'Soy fuerte como el viento y rápida como la lluvia'.

Una mañana que olía a miel y tierra fresca, Pía encontró una miga de pan dorada como el sol. Era más grande que ella, más pesada que su propio cuerpecito, pero sus ojitos brillaron con determinación. 'Puedo sola, puedo sola', cantaba entre dientes, empujando la miga que rodaba como una pelota gigante.

Pía empujaba y empujaba. Puf-puf-puf hacían sus patitas contra el suelo. La miga rodaba un poquito y luego se detenía. Pía resoplaba como un dragoncito cansado, pero no se rendía. 'Las hormigas grandes no necesitan ayuda', se repetía, 'y yo soy una hormiga grande en un cuerpo chiquito'.

Pero la miga era pesada como una piedra de luna, y Pía comenzó a sentir que sus patitas temblaban como hojitas en el viento. Se sentó sobre un granito de arena y sus antenas se curvaron hacia abajo. Una lagrimita pequeña como una gota de rocío resbaló por su mejilla. El bosque se quedó en silencio, como si las flores contuvieran el aliento.

Fue entonces cuando escuchó pasos lentos, como el tic-tac de un reloj muy suave. Quelina apareció entre los helechos, con su caparazón brillando suavemente en la luz filtrada. 'Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón', murmuró con voz de abuela cariñosa. Luego sonrió con ojos llenos de estrellas y preguntó: '¿Has visto alguna vez una flor crecer completamente sola?'

Pía parpadeó y miró alrededor. Las flores más hermosas crecían juntas, compartiendo la tierra y el agua. Los árboles extendían sus ramas para que los pájaros anidaran. Hasta las nubes viajaban en grupos por el cielo azul.

'¡Tía Marga! ¡Tía Marga!', gritó Pía con voz de campanita. Pronto llegó la hormiga mayor, sonriendo con ternura. Juntas empujaron la miga, cantando al ritmo de sus pasos: 'Puf-puf, ¡qué divertido es! Puf-puf, ¡juntas podemos más!'

Y cuando llegaron al hormiguero, todas las hormigas aplaudieron con sus patitas, haciendo un sonido como lluvia suave sobre las hojas. Pía se acurrucó junto a Tía Marga, sintiendo que era la hormiga más afortunada del mundo entero.

Esa noche, las estrellas brillaron un poquito más, como si también hubieran aprendido que la verdadera fuerza viene de los corazones que laten juntos.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Has visto alguna vez una flor crecer completamente sola?

Los corazones más valientes saben cuándo abrirse a otros corazones.