08
Pez bebé Burbuja
Ansiedad de separación
El agua del arroyo cantaba una canción de cristal esa mañana, y las piedras del fondo brillaban como pequeños soles dormidos. Entre las algas que danzaban al ritmo de la corriente, vivía el pececito más pequeño de todo el arroyal: Burbuja.
Burbuja tenía las escamas del color del amanecer y una cola que parecía un abanico de luz. Le encantaba nadar, pero solo si mamá pez estaba a su lado. Cuando ella se alejaba aunque fuera un poquito, Burbuja se quedaba quieto como una piedrita, sin atreverse a mover ni una aleta.
—Ven, pequeño —le decía mamá pez con su voz de agua dulce—. Los otros pececitos te están esperando para jugar al escondite entre los nenúfares.
Pero Burbuja movía su cabecita de lado a lado. ¡No, no, no! Él quería quedarse cerquita, muy cerquita de mamá. Cuando ella nadaba hacia las plantas verdes, él la seguía como una sombrita plateada. Cuando ella se paraba, él se paraba. Cuando ella respiraba, él respiraba.
—Glu-glu-glu —susurraba Burbuja, que era su forma de decir "no me dejes solo".
Un día, mamá pez tuvo que ir a buscar algas especiales al otro lado del arroyo. Burbuja se quedó escondido bajo una hoja grande, temblando como una gota de rocío. El agua se sentía fría y el mundo demasiado grande para un pececito tan pequeñito.
En ese momento de soledad más profunda que el arroyo, una sombra suave se acercó. Era Quelina, la tortuga sabia, con su caparazón brillando como constelaciones bajo el agua.
—Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón —murmuró con voz de burbujas tibias—. ¿Sabes qué llevas siempre contigo, pequeño Burbuja?
Burbuja se quedó muy quietito, escuchando. Y entonces... lo sintió. El amor de mamá no estaba solo en su presencia. Estaba en su corazón, como una luz calentita que nunca se apagaba. Estaba en el agua que lo rodeaba, en cada burbujita que salía de su boquita.
Cuando mamá regresó, encontró a Burbuja nadando solo por primera vez, haciendo pequeños círculos de alegría. Sus escamas brillaban más que nunca.
—¡Mira, mamá! —burbujeó feliz—. El amor que me das está aquí dentro, y por eso nunca estoy solo de verdad.
Y desde ese día, Burbuja nadó con confianza, sabiendo que llevaba el hogar en su corazón, como una canción que nunca termina.
EL MOMENTO DE QUELINA 🐢
Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón. ¿Sabes qué llevas siempre contigo, pequeño Burbuja?
✨ El amor de quienes nos cuidan vive para siempre en nuestro corazón, como una luz que nunca se apaga.