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09

Los pasitos de Tita

Tortuga bebé Tita

Ir a su propio ritmo

La hierba del bosque bailaba suavemente con el viento de la mañana. Cada gota de rocío brillaba como una estrellita pequeñita, y el aire olía a flores recién abiertas. Los rayos del sol hacían cosquillas doradas entre las hojas.

Tita era la tortuga más pequeñita del bosque. Su caparazón verde tenía manchitas amarillas como botones de sol. Sus patitas eran tan chiquitinas que cuando caminaba hacía "tip-tip-tip" muy despacito sobre las hojas secas. A Tita le gustaba pararse a mirar cada flor, cada piedrita brillante, cada caracolito que encontraba en su camino.

Pero esa mañana, todos los animalitos del bosque corrían y corrían muy rápido hacia el claro del bosque. "¡Vamos, vamos!" gritaba el conejito Pipo saltando "¡Hop-hop-hop!". "¡Date prisa, Tita!" le decía la ardillita Noa corriendo "¡Rash-rash-rash!" entre las hojas. "¡La gran sorpresa nos espera!" cantaba el pajarito Kiwi volando "¡Flu-flu-flu!" por encima de las copas.

Tita quería llegar también, pero sus patitas solo sabían caminar "tip-tip-tip", muy despacito. Intentó correr como Pipo, pero se tropezó "¡Uy!". Intentó saltar como Noa, pero se quedó en el mismo lugar "¡Oh!". Intentó volar como Kiwi, pero sus alitas eran muy pequeñitas "¡Ay!".

Tita se sentó sobre una hojita suave y sus ojitos se llenaron de lágrimas brillantes como gotitas de lluvia. "Nunca llegaré a tiempo", susurró su vocecita como un suspiro de viento. El bosque se quedó muy callado, como si también estuviera triste.

Entre las sombras suaves de los árboles apareció Quelina, con su caparazón lleno de estrellitas doradas que brillaban como lucecitas de noche. Sus pasos eran "toc-toc-toc", más despacio que los de Tita.

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", dijo Quelina con voz como miel tibia. Luego preguntó muy suavecito: "¿Sabes por qué las flores más hermosas crecen despacio?" Y se quedó calladita, esperando.

Tita cerró sus ojitos y escuchó. El viento le susurró secretitos al oído. Entonces entendió algo muy especial: cada "tip-tip-tip" de sus patitas era perfecto, cada pausa para mirar una flor era un regalo, cada paso lentito era su manera única de abrazar el mundo.

Cuando Tita llegó al claro del bosque con sus pasitos "tip-tip-tip", todos los animalitos estaban esperándola con sonrisas grandes. "¡Tita!" dijeron todos juntos. "¡La sorpresa eres tú! ¡Eres la primera tortugita bebé en llegar sola al claro!" Su mamá tortuga la abrazó fuertecito, y su caparazón se llenó de calorcito como si tuviera el sol adentro.

Esa noche, las estrellitas del cielo brillaron más fuerte, como aplaudiendo los pasitos valientes de Tita.

Cada paso que das a tu ritmo es perfecto, porque es tuyo.

EL MOMENTO DE QUELINA 🐢

"Detente un momento... y escucha lo que el viento tiene que decirle a tu corazón", dijo Quelina con voz como miel tibia. Luego preguntó muy suavecito: "¿Sabes por qué las flores más hermosas crecen despacio?" Y se quedó calladita, esperando.

Cada paso que das a tu ritmo es perfecto, porque es tuyo.