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Quelina

El miedo secreto que Topo no podía callar

confianza adultos

erca del Valle Esmeralda, debajo de una colina de tierra suave, vivía Topo. Era un animalito de ojos pequeños y manos grandes, siempre dispuesto a ayudar a sus vecinos. Pero desde hacía varios días, Topo no salía de su túnel.

Quelina lo notó. Todas las mañanas pasaba por la colina para saludarlo y, desde hacía mucho tiempo, Topo no respondía. Un día, la pequeña tortuga se sentó frente a la entrada del túnel y esperó con paciencia.

Finalmente, asomó una nariz temblorosa.

—Hola, Topo —dijo Quelina en voz suave—. ¿Cómo estás?

Topo salió un poco más. Tenía los ojos tristes y los hombros caídos.

—Estoy... bien —respondió, pero su voz decía todo lo contrario.

Quelina lo miró con ternura.

—A me parece que llevas algo muy pesado adentro —dijo ella—. A veces, cuando tenemos miedo de algo, creemos que es mejor guardarlo solo. Pero los miedos guardados se hacen más grandes en la oscuridad.

Topo bajó la cabeza.

—Es que... tengo miedo de que el río crezca y llegue hasta mi casa —susurró al fin—. Un día escuché un sonido muy fuerte del agua y no pude dormir más. Pensé que nadie me creería. Pensé que dirían que soy tonto por tener miedo.

En ese momento llegó volando Lumo, la luciérnaga, que brillaba suavemente entre los árboles.

—¡Topo! —exclamó Lumo—. Yo también le tuve miedo al viento una vez. Se lo conté a mi mamá y ella me abrazó muy fuerte. Después el miedo no desapareció de golpe, pero ya no pesaba tanto.

Topo los miró a los dos, sorprendido.

—¿De verdad no soy tonto?

—Para nada —dijo Quelina con firmeza—. Los miedos les pasan a todos. Lo valiente no es no tener miedo. Lo valiente es buscar a alguien de confianza y contárselo.

Topo pensó en su mamá. Siempre estaba en casa, siempre lo escuchaba cuando tenía hambre o frío. Nunca se había reído de él.

—Creo que puedo contárselo a mi mamá —dijo Topo despacio, como probando las palabras.

—Eso es exactamente lo que puedes hacer —respondió Quelina con una sonrisa.

En ese instante, las espirales doradas del caparazón de Quelina comenzaron a brillar suavemente, como pequeñas estrellas dibujadas sobre su espalda.

Topo se despidió y entró al túnel. Al rato, desde adentro, se escuchó la voz de su mamá hablando con calma, y luego una carcajada alegre de Topo.

Quelina y Lumo se miraron y sonrieron.

—¿Ves? —dijo Lumo—. Ya pesa menos.

Y el Valle Esmeralda se llenó de una brisa tranquila, como si también él hubiera respirado aliviado.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando un miedo vive solo en la oscuridad crece, pero cuando se lo contamos a alguien de confianza, empieza a hacerse más pequeño.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos en un lugar tranquilo y el adulto comparte algo pequeño que le haya dado miedo de niño, para que el niño vea que los grandes también sienten. Paso 2: Inviten al niño a dibujar o describir con palabras algo que le dé miedo o le preocupe, sin juzgarlo ni interrumpirlo. Paso 3: El adulto abraza al niño, valida su sentimiento con una frase como 'Gracias por contármelo, aquí estoy contigo', y juntos piensan en una cosa pequeña que puede ayudar a sentirse más seguro.

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