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Quelina

La respiración de Quelina cuando el mundo es grande

autocontrol respiracion

n día en el Valle Esmeralda, había más movimiento que de costumbre. Las flores soltaban su perfume, los pájaros cantaban muy fuerte, los grillos saltaban de un lado a otro, y el viento movía todas las hojas al mismo tiempo. Era un día de mucho, mucho todo.

Quelina salió de su casita con ganas de jugar, pero al ver todo ese movimiento, algo raro pasó dentro de ella. Su corazón empezó a latir muy rápido. Sus patitas se pusieron tiesas. Quería correr, pero no sabía hacia dónde. Quería hablar, pero las palabras no le salían. El mundo se sentía demasiado grande.

—¿Quelina? —dijo una voz suave cerca de su oreja.

Era Mara, la mariposa, que había llegado volando con cuidado, sin hacer ruido. Sus alas de colores se movían despacio, como si ella misma fuera una brisa tranquila.

—Me siento rara —dijo Quelina con voz pequeñita—. Todo es muy grande hoy.

Mara no se asustó. Solo sonrió con ternura y se posó en una piedra frente a ella.

—Yo también lo siento a veces —dijo Mara—. Cuando eso pasa, hago algo muy especial. ¿Quieres aprender?

Quelina asintió despacio.

—Primero, cerramos los ojos —dijo Mara con voz dulce—. Y ponemos una patita en nuestro corazón.

Quelina cerró sus ojos pequeños y colocó su patita sobre el pecho. Podía sentir su corazón: tum, tum, tum. Muy rápido todavía.

—Ahora respiramos —continuó Mara—. Lento, como cuando hueles una flor. Adentro... dos, tres.

Quelina respiró profundo. El aire entró suavecito.

—Y ahora afuera... dos, tres. Como cuando apagas una velita.

Quelina sopló muy despacio. El aire salió tibio.

—Otra vez —dijo Mara.

Adentro... dos, tres. Afuera... dos, tres.

Algo maravilloso empezó a pasar. El corazón de Quelina fue bajando su velocidad. Sus patitas se aflojaron. El mundo seguía siendo grande, pero ya no se sentía tan pesado.

Adentro... dos, tres. Afuera... dos, tres.

Cuando Quelina abrió los ojos, vio que las espirales de su caparazón brillaban con una luz dorada y cálida. Había aprendido algo muy importante: dentro de ella siempre había un lugar tranquilo. Solo necesitaba encontrarlo con su respiración.

—¿Lo sientes? —preguntó Mara.

—Sí —dijo Quelina sonriendo—. Es como tener una casita adentro.

Mara batió sus alas suavemente.

—Exactamente. Y esa casita siempre está contigo, a donde vayas.

Quelina miró el Valle Esmeralda. El viento seguía soplando. Los pájaros seguían cantando. Pero ahora ella tenía algo nuevo: sabía cómo volver a misma cuando el mundo se sentía demasiado grande.

Y eso, pensó Quelina, era lo más valioso que había encontrado en todo el valle.

💛 QUELINA NOS DICE...

Cuando el mundo se siente muy grande, tu respiración es el camino de regreso a ti.

✨ ACTIVIDAD PARA HACER JUNTOS

Paso 1: Siéntense juntos en un lugar tranquilo y pongan una mano en el corazón para sentir los latidos. Paso 2: Practiquen la respiración de Quelina: inhalen contando hasta tres como si olieran una flor, y exhalen contando hasta tres como si apagaran una velita. Paso 3: Repítanlo tres veces y luego conversen sobre cómo se sienten ahora comparado con antes.

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